Joan B. CULLÁ: La tierra más disputada. El Sionismo, Israel y el conflicto de Palestina. Alianza. 2005. 624 páginas.
Lo mejor de este libro es la introducción y lo peor es el final, aunque se tiene la ventaja de poder responder a las conjeturas que el autor planteó en 2004. La introducción es soberbia y expone cómo este conflicto es un caso aparte dentro de las relaciones internacionales, entre otras cosas por su cobertura mediática, por el hecho de que todo el mundo tiene una opinión formada y una solución en sus labios, pese a que muchas veces se ignoran cosas tan básicas como la extensión del territorio palestino o la población.
La primera parte del libro traza el inicio y el desarrollo del Sionismo como idea, así como las aplicaciones prácticas, así como la forma de organización del Sionismo, sus disensiones internas y las diferentes estrategias que siguió.
La segunda parte se centra en el nacimiento y el desarrollo del Estado de Israel. Las diversas etapas, los problemas económicos y su característica pluralidad política que a muchos se nos antoja como caótica, favorecida por un sistema electoral puro con circunscripción nacional. A pesar de su extensión el libro aborda muchos temas con grandes trazos y se echa de menos un análisis más profundo, tanto de los aspectos sociales y económicos.
Hubiera sido deseable que el autor dijese claramente cuál es su posición y que no jugase a una equidistancia que no es sostenible. La equidistancia termina saltando por los aires en una serie de excesos semánticos que van más allá de lo comúnmente aceptado en los ámbitos académicos. Yo ya expresé mi opinión.
Pero lo que considero más reprobable es que se emplee la equidistancia y los juegos semánticos se empleen para justificar cuando se quiere describir. Si, además de describir hubiera asumido la justificación, no tendría nada que reprochar y su honestidad intelectual no estaría en duda para mí.
No es de recibo decir que los desplazamiento de población judía en 1948 es una limpieza étnica y que los que se dio entre la población árabe son lógicas consecuencias de una serie de operaciones militares. No es aceptable mantener que las muestras internacionales de rechazo a las represalias israelíes son simples muestras de un antisemitismo renacido (aunque lo encabecen judíos) y que hay “necesarios excesos” en las acciones de las Fuerzas de Autodefensa Israelíes. Los excesos no son necesarios.
Cuando las cosas se ponen feas, hasta para quien maneja los datos, recurre nuevamente el autor a la equidistancia más fría. Compara datos de las bajas producidas por acciones terroristas con las producidas por las represalias israelíes, como si un Estado democrático tuviera como límite a su actuación la misma devastación que detestables grupos terroristas. No deja de ser relevante, aunque lo consigne, la importancia que hay en las correlaciones entre periodos de paz y crecimiento económicos y no lo considere un elemento a tener en cuenta.
Naturalmente el autor se muestra muy crítico con la articulación política de los palestinos. En muchos aspectos ha de dársele la razón, especialmente cuando indica que los palestinos han sido más una excusa para el mundo árabe, y ahora para el islámico, que una verdadera causa.







El tema esencial a la hora de juzgar las actuaciones de las Fuerzas Armadas israelíes es distinguir si lo que allí sucede es un guerra o simples episodios de delincuencia terrorista. Esto es, debemos diferenciar entre un conflicto bélico y una situación de delincuencia en tiempo de paz (como sucede en España con ETA). ¿Es comparable la situación que vive Israel con la que vivimos en España y el País Vasco? Si llegamos a la conclusión de que no, y de que lo que allí ocurre es una guerra, deberemos juzgar las acciones militares israelíes de una forma más comprensiva: en un conflicto bélico prima la autodefensa y la victoria, sobre la protección de los ciudadanos enemigos. Negar esto sería darles la oportunidad a las tropas enemigas de hallar refugio y, a medio plazo, darles la posibilidad de derrotarnos.
Evidentemente no soy una persona amoral, y esa clase de barbaridades me producen rechazo y pesar; tampoco pienso que todo vale ni que Israel no sea criticable. Pero negarse a comprender la naturaleza de la guerra y pedir que un país se rinda porque pelear suponga dañar al enemigo es bastante irrazonable.
No acepto la premisa de la guerra. Hay un terrorismo de alta intensidad y muchas acciones no van contra el terrorista sino contra un generalidad. Israel mantiene buena parte de la jurisdicción sobre Gaza y Cisjordania y tiene una responsabilidad que asumir. Incluso si habláramos de guerra, habría que hacer la distinción entre civiles y combatientes.
Sinceramente retorcer el lenguaje como hace el autor hasta hablar de “excesos necesarios” me parece impresentable. Un exceso nunca es necesario porque dejaría de ser un exceso. No soy anti-israelí, ni mucho menos, pero tampoco comulgo con ruedas de molino.
El sionismo es, prácticamente desde su formulación inicial, un nacionalismo étnico, identitario, deudor del romanticismo alemán y con el concepto de Volkgeist operando implícitamente. Si fue comprensible en el contexto en el que surgió, a estas alturas (ni estamos ante el Affaire Dreyfus, ni estamos en el III Reich)
Como nacionalismo étnico actualmente es parangonable al de Sabino Arana, es profundamente irracional y reaccionario, en él opera de manera implícita el concepto de Volkgeist. Su retórica está llena de términos como “redención de la tierra” o “capital eterna” , o de deformaciones flagrantes de la realidad; la Ley que faculta la emigración a Israel de los judíos dispersos por el mundo, se llama Ley de Retorno (como si retornasen los bonaerenses, franceses, neoyorquinos o rusos que se asientan en Israel por primera vez, cuando retornar es ir a un lugar en el que se había estado previamente).
El sionismo, en tanto que nacionalismo identitario, es segregacionista, incluso los llamados “árabes israelíes”, aunque sean oficialmente ciudadanos de Israel, ven mermados sus derechos civicos en comparación con los israelíes de “pata negra”. El códigio civil no rige igual para los árabes que para los judíos; el racismo israelí no lo es sólo de facto, lo es también de iure. Eso por no hablar de los palestinos de los territorios ocupados, obligados a ser extranjeros en su propia tierra. Israel no ha dejado un sólo día de seguir adelante con la ocupación, es un auténtico Anschluss, lo curioso del caso es que la ocupación del territorio no lleva pareja la de la población, esa situación es, de facto un caso claro de apartheid. El sionismo no tiene el menor empacho en propugnar la vigencia del ‘ius sanguinis’, para muestra:
http://www.hagshama.org.il/es/recursos/view.asp?id=1986
Un saludo
Geógrafo, no he dicho que haya una guerra y que no se deban hacer distinciones entre civiles y combatientes. Lo cierto es que no sé lo que hay allí, aunque me parece, desde la distancia, que la situación es bastante cercana al conflicto bélico. Si este fuera el caso, no tendría sentido exigirle a Israel que cumpla con las normas internacionales sobre la guerra si sus enemigos no hacen lo mismo. Exigírselo sólo a Israel, equivaldría a pedirles que se dejasen derrotar. ¿Comete Israel barbaridades? Sí, y deben ser denunciadas. El problema en este asunto es el maniqueísmo que rodea al tema: o los malos son los israelíes, o lo son los palestinos. Nada más lejos de la realidad.
Personalmente veo con simpatía a Israel, por ser un Estado democrático. Nadie duda que no es un Estado laico, sino un Estado confesional muy similar al existente en el Reino Unido. Pero ello no hace menos democrático. Decir que hay un apartheid en la sociedad israelí, como hace el lumbreras de Juan Alix, es simplemente un temerario desprecio por la verdad. Hay un magistrado árabe en el Tribunal Supremo israelí, y no pocos diputados musulmanes en el Knesset. Como todas las democracias, tiene sombras. En unas es la corrupción, en otras la religiosidad, y en otras el nacionalismo. En el caso concreto israelí puede que sea una mezcla de religión y paranoia autodefensiva.
Coincido contigo en todo lo que dices. La entrada está condicionada por ser una recensión de un libro que toma partido por un bando y lo hace en una forma que no me parece intelectualmente honesta. No me parece que la mejor forma de tratar el problema, en un país como España que idealiza a lo palestino, sea la posición contraria.
Mi postura ya la expresé en una entrada y es sumamente parecida a la tuya (de hecho enlaza esa entrada en ésta):
http://geografosubjetivo.wordpress.com/2008/05/15/israel-y-mis-contradicciones/
Me parece interesante el libro que comentas.
Estoy muy de acuerdo también con lo que dice Mario.
“Personalmente veo con simpatía a Israel, por ser un Estado democrático. Nadie duda que no es un Estado laico, sino un Estado confesional muy similar al existente en el Reino Unido. Pero ello no hace menos democrático. Decir que hay un apartheid en la sociedad israelí, como hace el lumbreras de Juan Alix, es simplemente un temerario desprecio por la verdad. Hay un magistrado árabe en el Tribunal Supremo israelí, y no pocos diputados musulmanes en el Knesset.”
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Mírate bien, Mario, las condiciones de acceso a la nacionalidad israelí, y el papel del KKL en lo referente a la adquisición de biuenes inmuebles. y luego hablamos. Ya sé que la llamada población árabe israelí es sacada contínuamente a colación para restragársela por las narices a los que sugieren la existencia de racismo (de iur, insisto) en israel.
Huelga decir que personalmente no veo a Israel con ninguna simpatía.
Un cordial saludo.
Geógrafo:
“La narración sionista transmite una potente visión de la historia y la vida judías y tuvo una inmensa influencia sobre la imaginación y las acciones sionistas. La pregunta es: ¿es una historia cierta desde un punto de vista histórico?”
Fragmento de un artículo de Avishai Margalit
http://www.letraslibres.com/index.php?art=12902
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Ya sé que en España se tiende a idealizar la causa palestina, pero mis objeciones van por otro lado. ¿Es Israel, cuyo objeto es el de garantizar la pureza étnica de su población, un Estado democrático? ¿es un estado asimilable a las democracias occidentales?
¿Cuál es el futuro que prevén os israelíes para los territorios ocupados? ¿Piensan expulsar de allí a la población autóctona o prevén asimilarla a la ciudadanía israelí? ¿Es de recibo anexionarse el territorio pero no a la población? Estas son algunas de las dudas que me suscita la situación israelí.
Naturalmente que Israel no es un estado asimilable a las democracias occidentales.
Es un estado bastante más democrático en todo que los de los paises árabes así como también lo es su sociedad respecto a la de los paises árabes pero respecto a las de Europa Occidental es un Estado filofascista y una sociedad treméndamente autoritaria porque el estado de derecho allí en realidad cada vez pinta menos y es el lobby sionista estadounidense en su alianza con los lobbys anglosajones los que parten el bacalao.
Y leyendo con más detenimiento lo que dice Mario, he de decir que estoy más de acuerdo con lo que dice Juan Alix de que se hace un apartheid contra la población palestina, pues los refugiados de Gaza y Cisjordania están en su tierra y se les borra del mapa como consecuencia de una invasión y la población árabe-israelí sufre una discriminación creciente desde que se endureció la política israelí con el Likud aunque haya algunos miembros de ese grupo social que consigan integrarse, pero con muchas dificultades.
Hola,
Ya que mencionas el tema de los refugiados, permíteme la licencia de recomendarte este artículo que escribí hace poco sobre el asunto.
Un saludo,
José
José Cohen, yo no he sacado el tema de los refugiados, solamente lo he mencionado a título de ejemplo para evidenciar las diferencias discursivas del autor del libro.
Desde luego no voy a entrar en una valoración de número y demás, porque me parece un juego de lo más macabro.
Es posible que mi formalismo no se entienda. Sin criticar el fondo del tema sí digo que la forma de argumentar es incorrecta. Unos refugiados no se eliminan con otros, solamente se suman.
Bien, es evidente que mi intento ha fracasado. No has leído mi artículo.
Un saludo.
De entrada tengo que decirte una cosa: si algo valoro es la honestidad intelectual y no suelo hablar de algo sin leerlo. Tú artículo yo que quiere hacer es quitar a unos refugiados tal condición diciendo que hay otros refugiados, una especie “menos por menos, más” pero a lo político.
Insisto en lo mismo que te dije antes: “unos refugiados no se eliminan con otros, solamente se suman.”
No voy a entrar a discutir ésta ni otra cuestión. Ya escribí sobre mi posición genérica en una entrada que enlazo en ésta.
[...] Hace varios meses leí un libro al cual dediqué una recensión. Las consideraciones que hacía el autor sobre la política israelí y especialmente sobre el partido que actualmente conocemos como “Partido Laborista” dan la sensación de que este partido ha creado una maquinaria tal, desde la fundación del Estado de Israel, que no se puede permitir vivir apartados del poder. [...]