El otro día César Calderón se quemaba alucinado por las críticas recibidas en los comentarios de su blog tras analizar la incidencia en Internet del 11º Congreso del PSM.
Lo gracioso de las críticas es que reproducen el pobre argumentario de los que le molesta cualquier observación y que se sienten buenos cancerberos de esa forma de ortodoxia que Egócrata llama “amo al líder” (del nivel y con el nivel que sea). Todo se reducía al consabido “hay cauces internos” y tu blog no es el sitio para decir que, en tu opinión, la presencia del PSM en Internet deja mucho que desear.
A mí siempre eso de los cauces internos me ha hecho muchísima gracia, porque deben ser tan internos que no debe haber manera de encontrarlos. En las asambleas siempre hay un nutrido grupo de adeptos al jefe de turno (son adeptos profesionales porque siempre apoyan al jefe que sea) que te dicen que no sabes, que no es el momento, que discutir no es bueno para la cohesión de la agrupación o que vienes a incordiar.
Pasado el nivel de asamblea ya estamos en los congresos. Allí llega, casi siempre, todo muy bien preparado y lo que se hace es aplaudir e intentar salir guapos/as en la foto. Si en la reunión de una sectorial o de ejecutiva se dice algo incómodo, los silencios se espesan y las miradas hieren de afiladas. Ahora planteo nuevamente la pregunta: ¿dónde están esos celebérrimos cauces internos?
Que alguien escriba un blog de corte político, que esa persona sea además militante del PSOE, no quiere decir que se tenga que la gente de Internet se tiene que callar la boquita y dedicarse a la propaganda (que para eso se cargaron la cibermilitancia y la enmienda Facebook). Ni siquiera es una cuestión de credibilidad, que no sería poco. Es una cuestión de libertad de expresión que para eso uno tiene un blog y es militante en un partido como el PSOE.







Los meritorios no son el problema, este se situa más bien en un sistema que premia este tipo de comportamientos.
César, totalmente de acuerdo pero pese a ello he de decir que no aguanto a los meritorios, a su engreimiento y sus respuestas mecánicas (como dice el bueno de Egócrata).