Henri PIRENNE: Mahoma y Carlomagno. Alianza Editorial. Madrid. 2ª Edición. 2008. 230 Páginas.
Hace la friolera de quince años, alguien me recomendó este libro. El otro día, en uno de mis paseos libreros, lo vi y rápidamente extendí mi brazo para comprarlo. Es un libro que se leer que un golpe, siempre que uno haya tomado la precaución de leerse los dos prólogos, de los editores, que permiten perdonar cierto estilo brusco y a veces confusos (en un mismo párrafo se llaman a los bizantinos por este nombre, pero también como griegos, orientales, imperiales y romanos). El estilo es de un borrador listo para la gran redacción. Nada más empezarlo te das cuenta que va ser un libro que un no va a tardar mucho en llegar a la tapa trasera.
La tesis más famosa de este libro es que la defiende que tras caída formal del Imperio Romano de Occidente no hay una transformación social y política que justifique la entrada en una nueva época, la Edad Media. Se sostiene con fundamento documental que la sociedad, la economía, la culta y la religión del Bajo Imperio se mantienen casi sin modificación, con la sola excepción del cambio de los gobernantes imperiales por gobernantes germánicos, pero unos germánicos que llevaban siglos alrededor del Imperio, romanizados ellos mismos y que comulgaban con la propia idea de Imperio.
Solamente la modificación de la situación establecida, con unos reinos que gobernaban la Romania, y el liderazgo moral del Imperio Oriental, hace que podamos hablar de cambio de época histórica. La invasión islámica del Mediterráneo, inesperada e imparable, rompió la unidad de la Romania en torno a este mar.
En la Galia, que es donde se centra más esta investigación, nació una nueva forma de poder de carácter más netamente germánico, que se extendió hacia la actual Europa Central y ya que no se sentía ni vinculada y partícipe de la tradición anterior, por más que sí hiciera muestras de lo contrario. Los carolingios no hicieron renacer nada, sino que son los mediavalizaron todo lo que se encontraron.
La desaparición del comercio marítimo hizo por un lado que el Mediterráneo ya no fuera un nexo de riqueza y que la pérdida de la actividad comercial provocara el afianzamiento del valor inmobiliario sobre el mobiliario en los reinos germánicos que sobrevivieron al empuje islámico.
Para finalizar dos observaciones de interpretaciones que me resultaron al menos interesantes. La conversión del Papado en un liderazgo netamente de la Iglesia Latina y Occidental es consecuencia del aislamiento italiano de los papas y de su interés por desprenderse del control de Constantinopla. Las invasiones islámicas dejaron reducida la Cristiandad no bizantina al norte de Italia y a la Galicia, lo que provocó el nacimiento de las misiones a la Germania y a Britania para crear territorios netamente papales.
La segunda observación proviene de la impresión que me produjo la diferencia que el autor veía entre el Mediterráneo anterior a las invasiones islámicas y el posterior. Antes de éstas el Mediterráneo no solamente era el cauce de comunicación entre los pueblos del Imperio Romano, sino que era el centro para el mundo europeo. El desarrollo a todos los niveles era más intenso conforme más cerca de la costa mediterránea se estaba. El Mediterráneo de centro del mundo se transformó en frontera, y así hasta nuestros días.






Gracias por la recomendación y especialmente la observación sobre el mediterráneo… tal vez fuese muy interesante identificar los “centros” europeos a lo largo de los siglos, si es que ello fuese posible con cierto fundamento.
Creo que es muy apropiado Geógrafo, que comentes este libro un dia antes del comienzo de Ramadán.
Pues poco tiene que ver con los musulmanes y menos con el Islam.
Los caminos del Señor son infinitos, y ya sabes que la casualidad no existe
Vete a saber….
Anda que no me lo leí hace años… qué tiempos.
He disfrutado mucho, aunque se me ha hecho corto.