Anthony Clifford GRAYLING: Descartes. La vida de René Descartes y su lugar en su época. Traducción de Antonio Lastra. Pre-Textos. Valencia, 2007. 412 páginas.
Esta nueva biografía de Descartes intenta insertar a Descartes dentro de las corrientes intelectuales y políticas de su tiempo, aunque hemos de decir que la profundidad con la que se trata la época y la circunstancia deja al lector a media comida. Hay terrenos que se podrían haber tratados con más profundidad, con trabajo de archivo que aporten nuevos datos sobre Descartes o sobre los personajes secundarios y no tomar cualquier consideración cartesiana sobre su entorno como absolutamente verdadera.
Es clara la intención de destruir la imagen de Descartes como pensador que desarrolló su pensamiento encerrado en una torre de marfil. Una imagen absolutamente injusta y que evidencia, para el que la mantenga, el desconocimiento absoluto de los textos fundamentales de Descartes que están escritos en clave autobiográfica.
En cuanto a lo propiamente biográfico la principal novedad que Grayling aporta es la hipótesis de que Descastes, en su juventud y antes de su instalación casi definitiva en los Países Bajos, era un espía primariamente al servicio de los jesuitas y secundariamente al de los Habsburgo.
Grayling intenta justificar su hipótesis a partir de itinerario conocido de Descartes, sus cambios de ejércitos y su traslado a los Países Bajos. Es sumamente honesto al decir que no tiene pruebas absolutamente irrebatibles de que su hipótesis sea cierta por lo que se conforma con mostrar que su hipótesis es verosímil.
Tengo la impresión de que Grayling cae en un tópico acerca de los jesuitas. Él parte de la consideración cierta de que la Compañía de Jesús era una orden religiosa centralizada, pero se confunde al pensar que las tendencias políticas eran igualmente uniformes en cada una de las provincias jesuíticas.
Si Grayling hubiera al menos consultado la sintética obra de Bangert sobre la historia de esta orden hubiera podido comprobar como los jesuitas franceses apoyaron el Galicanismo en aquellos mismos años y que está llevado por los pelos acusar a los jesuitas franceses de mantener una red de espionaje dentro de su propio país.
Lo mejor de este libro se encuentra fuera de lo que es la biografía en su sentido estricto, concretamente en el Apéndice II en el que ha una interesante reflexión sobre la biografía filosófica. Como este tema lo quiero tratar en una entrada independiente, sólo diré que Grayling resuelve el equilibrio entre la vida y el pensamiento del biografiado llevando la exposición del pensamiento, de forma breve, al primer apéndice, lo que es una operación ingeniosa, aunque discutible.







Estaríamos apañados si no hubiera sido por la obra de Descartes. Seguiríamos pensando que los lobos son demonios cuyos rabos (los visibles), no obstante, sirven para espantar malos espíritus.
En los paises orientales, mas concretamente los asiáticos, están empezando desde el pasado siglo a salir del atraso gracias, entre otras muchas cosas, a la dosis de cartesianismo que está empezando a cundir en sus sociedades.