El peliagudo asunto del impuesto a las exportaciones de soja ha sido derrotado en el Senado argentino. Lo verdaderamente curioso es que ha sido el voto de calidad del Vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, el que ha tumbado el proyecto fiscal de la Presidenta, Cristina Fernández.
Al Vicepresidente argentino lo han llamado de todo desde las filas del no-partido que los Kirchner han construido como sustituto al Partido Justicialista, que es un desastre de organización y todo un prodigio de divisiones intestinas. Bajo la idea de presentar una candidatura que fuera más allá de la tradicional división entre justicialistas y radicales, los Kirchner propusieron a Julio Cobo como candidato a la Vicepresidencia, dándose la circunstancia de que Cobo era gobernador de una provincia y era miembro de la Unión Cívica Radical.
Las fórmulas no partidistas y/o no ideológicas pueden que tengan una gran fuerza electoral, ya que sin saber el motivo buena parte de los electores consideran que las convicciones políticas y las formaciones que la sostienen son negativas: el mito del centro político.
Pero la realidad no es apta para la existencia de fábulas políticas, como es la del centro político, y hay que ir tomando decisiones cuando se está en el poder, de forma que las convicciones, la forma de entender la política, la acción del Estado, es decir, eso que llamamos “ideología política” comienzan a entrar en juego.
San Ignacio de Loyola dijo que la primera vocación es la decisiva y en el fondo, como el primer amor, nunca se olvida. Cobo, por más que coquetease con el ex Presidente Kirchner, sigue siendo un radical.
Pero lo peor de todo eso, es que la Presidenta aprovecha que la Vicepresidencia argentina se parece mucho a la estadounidense y deja a Cobo totalmente fuera de los círculos de decisión de la política nacional. Quien no tiene constitucionalmente otra función que esperar la dimisión o el fallecimiento de su jefa o desempatar las votaciones en el Senado, esperará la primera ocasión que tenga para demostrar que no contar con él tiene consecuencias, especialmente si el tema es complicado, polémico y mantiene a la sociedad enfrentada.
Ser “vice” es algo problemático, porque estás sobre los demás pero de una forma vacía, sin tener nada que llene tus horas. La realización de la ambición política, además de los actos protocolarios, dependerá de la lucha de poder entre el Vicepresidente y el círculo de consejeros del Presidente o Presidenta.
Es una torpeza de primer orden colocar a alguien de otro partido en la segunda posición del Estado, por muy vacía de contenido que esté, y mantenerlo apartado de las tomas de decisiones, incluso no preguntándole por su opinión. Ese Vicepresidente “extraño” empleará todos los recursos constitucionales (por pocos que sean) y la relevancia pública de su cargo para personalizar la oposición al Presidente o Presidenta y a preparar su propia candidatura presidencial, consiguiendo con facilidad el perdón de su antiguo partido.






