El derecho a morir dignamente se ha convertido en un terreno de debate partidista, que no de debate político. El PP, especialmente los ultraconservadores del PP de Madrid, han querido linchar a los médicos que realizaban una praxis médica correcta y que procuraban que los enfermos no sufrieran excesivamente antes de fallecer.
Una de las resoluciones más importantes, a mi modo de entender, del 37 Congreso Federal del PSOE es la que habla sobre la defensa del derecho a una muerte digna, aunque creo que el título no le hace justicia al texto, porque no sólo se habla de muerta, sino también del derecho a una enfermedad digna.
Lo peor de nuestros pasos finales no es morir, sino morirse. Las partes terminales de nuestra vida, así como el cuidado de la dignidad en las enfermedades, tiene que ser una obsesión de las autoridades sanitarias. El dolor es un síntoma de un problema, pero no tiene sentido hacer continuar ese síntoma por no sabe bien qué tipo de complacencia.
Desde luego lo más importante de la resolución es su final, en el que se indica que cuando se hayan consolidados los pasos anteriores (elección de tratamiento, testamento vital o sedaciones terminales), hay que plantear claramente el reconocimiento del derecho a recibir ayuda para morirnos, porque quien puede hacerlo por su propia mano no necesita de leyes ni de nadie. Me parece sensato dar pasos firmes, pero uno detrás del otro, porque de lo contrario existe el peligro de caerse.
Lo peor de quienes se oponen a la eutanasia es que obvian esto último. Obvian que están condenando al que está peor, al que no puede valerse ni para morir, produciéndose en las puertas de la muerte una nueva discriminación, que es el motivo de existencia del pensamiento conservador. Su sensibilidad a los problemas actuales y por su forma de hacer las cosas son dos elementos que explican con claridad el apoyo de los españoles al PSOE en las pasadas Elecciones Generales.






Considerar que la Eutanasia es algo moralmente reprobable es tan lícito y respetable como considerar que es algo necesario. Lo que de ninguna manera es respetable ni lícito es calumniar a un médico honesto acusándole de cometer delitos que no cometió y encima hacerlo desde desde una administración pública autonómica con el apoyo de los medios de comunicación de la caverna.