En el Congreso del PSOE, como no podía ser de otra manera, se habla mucho de qué es ser de izquierda, que no es ser de izquierda y de ese fantasma que amenaza a todos los grandes partidos y que tiene el nombre de centrismo. Al menos desde las ideas no cabe duda de que el PSOE sea un partido de izquierda, aunque siempre habrá quien ponga sobre la mesa un conjunto de contraejemplos con ánimo refutatorio.
El asunto del centro político es un clásico dentro de las estrategias electorales en nuestro país. Ideológicamente ningún partido se define de centro, si no le adjetiva previamente este “centrismo”, pero continuamente, especialmente desde la derecha, se reclama el centro político como expresión de renovación y como medicina contra las vergüenzas a la propia identidad.
Admitamos metodológicamente que el centro existe y preguntémonos qué es. La definición más sencilla de centro político es la que se hace por equidistancia entre dos extremos, que serían la izquierda y la derecha. Esta definición tiene de positivo que es muy visual e intuitiva, pero tiene de negativo que no dice nada, porque ser de izquierda o derecha no se resuelve con una simple declaración de principios, sino en cada uno de los temas, donde muchas veces la equidistancia no es posible.
Por ejemplo, el asunto de los problemas que se plantean en torno a la muerte y sufrimiento terminal tienen soluciones muy diferentes dependiendo de la ideologías; la izquierda defenderá que el derecho a una vida digna se extiende también al morirse, de forma que es deseable poder elegir la muerte antes de un morirse lleno de sufrimientos; paralelamente la derecha pone la vida como un fundamento absoluto, no cabiendo la opción personal (aunque paradójicamente haya mucha derecha que defiende la pena de muerte).
¿Cuál sería la posición del centro? Si la equidistancia sirviera para hacer esta definición, tendrían que mantenerse posiciones tan absurdas como derecho de elección para los nacidos en un día impar, mientras que se les niega a los que lo hicieron en un día par.
Una segunda definición del centro consiste en decir algo parecido a que el centro es tomar lo bueno de cada posición ideológica. Esta concepción supone que las personas que tienen diversas ideologías asumen conscientemente maldades y que solamente el centrista puede alcanzar lo bueno de cada uno de ellos desde una perspectiva absoluta que uno no sabe bien cómo se alcanza.
Esta postura, la de tomar “lo mejor”, se ha llamado “eclecticismo” tradicionalmente. El eclecticismo, en contra de lo que se pueda pensar, tiene un gran problema teórico y práctico: que las diversas partes de una doctrina ecléctica pueden contradecirse entre sí, al no obedecer a puntos comunes sino a postulados de diversas procedencias sin haber sido sintetizados previamente. Además el criterio de bondad para admitir una parte constituye en sí mismo una ideología, aunque no se explicite.
El tercer modo de definir el centro es el más problemático de soslayar. El centro sería ese conjunto de electores que mantiene una postura ambivalente respecto a las formaciones más representativas de uno y otro lado y que dependiendo de su número pueden ser decisivos para ganar o perder unas elecciones. En España se observa que la media se desplaza a la izquierda, de forma que ese centro es más accesible a las formaciones de izquierda, al PSOE en especial, que a las formaciones de derecha, que tienen que hacer determinados lavados de imagen que pueden levantar susceptibilidades entre las propias filas, ya que no hay lavado de imagen sin una mínima opción fáctica que la respalde.
En todo caso los datos sobre posicionamiento ideológico de los españoles no dejan de ser enormemente subjetivos, ya que depende de lo que cada cual de los entrevistados considere qué es ser de izquierda o de derecha y de dónde se sitúe.
El centro no es más que un invento de quien tiene pocas ideas y menos autoestima sí es que efectivamente las posee. A mí centro me suena a conformar con todos y a situarse políticamente no en función de las convicciones, sino en función de qué gusta a los posibles votantes, con la única idea de seducirlos con gestos y palabras que sean bien acogidas por una gran parte, pero que no marquen ningún posicionamiento claro y tajante, de forma que desde el poder se pueda operar satisfaciendo a las encuestas y a los propios intereses.







Popular en la antigua Roma era el partido del pueblo frente a la aristocracia de los patricios. En el siglo XIX, liberal era sinónimo de lo que llamamos izquierda. Ahora la derecha se ha apropiado de estos términos. Centrismo es un comodín para el presente y que sirve para que la derecha se disfrace, que es lo que lleva haciendo desde que hay democracia y necesita ganar elecciones.
Un saludo.
Popular en la antigua Roma era el partido del pueblo frente a la aristocracia de los patricios. En el siglo XIX, liberal era sinónimo de lo que llamamos izquierda. Ahora la derecha se ha apropiado de estos términos. Centrismo es un comodín para el presente y que sirve para que la derecha se disfrace, que es lo que lleva haciendo desde que hay democracia y necesita ganar elecciones.
Un saludo.
Estoy muy de acuerdo con lo anotado por Juan Carlos pero haría una puntualización. Los términos liberal y centrismo se los está apropiando la derecha reaccionaria. La derecha más moderada y centrada no está reñida con el liberalismo en su sentido amplio y clásico del término. A fín de cuentas en EEUU siempre se considera que el liberalismo es lo del Partido Demócrata frente al conservadurismo del Partido Republicano.
#3 La derecha moderada no necesita de operaciones de maquillaje.
La derecha carece de ideología alguna. Solo es clasismo. Los hay más moderados y más radicales, pero ambos se mueven por el mismo impulso de estancamiento social.
Un supuesto atractivo de una ideología es que ofrece una línea coherente para abordar todos los problemas. Así, el neoliberal ve que en casi todos los problemas hay que aplicar la norma de más libertad (de mercado, cualificación importante), el socialista que la intervención del estado es necesaria en casi todos los ámbitos.
La cuestión es si se puede aplicar realmente el mismo molde a todos los problemas que se presentan al político o si hace falta un pragmatismo que, como dices, sea menos consistente pero más efectivo a largo plazo. El atractivo del centrismo está precisamente en su ambigüedad. Cada uno entiende lo que quiere como centrista.
El ejemplo de los bebés como equidistancia entre ambas posiciones no sirve para nada, porque es evidente que nadie va a asumir una posición tan estúpida, por lo que creas una posición absurda que no existe para luego criticarla.
Lo que es cierto es que a veces un gran bloque de votantes concuerda una parte del programa de un partido pero con algunas posiciones del otro, de ahí el atractivo para intentar presentarse como centro para ofrecer ese mix deseable.
De acuerdo contigo también en qué para empezar tenemos que definir derecha e izquierda.
El grado de intervencion del estado en la sociedad se ve con una óptica diferente según continentes. En EEUU se vería con perplejidad cómo cada Gobierno en España interviene con tanto ahínco en el tema de medios de comunicación, por poner un ejemplo.
Sobre la equidistancia. No creo que no sirve para nada cuando el propio nombre de la posición política recurre a un noción de equidistancia. Y políticamente sí se emplea la equidistancia como ha hecho UPyD, cuando han dicho que ellos ni de izquierda ni de derecha, sino de centro, lo cual es una equidistancia.