Por lo visto la Comisión Europea no descarta establecer un sistema de tarifas telefónicas en las que el receptor de la llamada pague también. Como no tengo información suficiente sobre este asunto, ni sobre cómo se estructuraría la tarifa o si se aplicaría solamente a una parte de la telefonía, declino opinar sobre si sería una medida buena o mala, lo cual no quiere decir que renuncie a reflexionar sobre las relaciones entre las tarifas telefónicas y las convenciones y usos sociales.
Cuando llamamos a alguien para felicitarle por su cumpleaños, asumimos que parte de la gracia es que el felicitado no paga nuestros buenos deseos. Cuando llamamos a alguien para unirnos a su sufrimiento, no está mal hacerle pagar. Cuando simplemente nos apetece charlar y llamamos, queda feo que nuestra apetencia la financie otro. Y todo esto es por no hablar de las llamadas publicitarias, que si además de recibir la tabarra, haya que pagarlas sería motivo para exiliarse del planeta.
Hay prácticas comerciales, establecidas hace mucho tiempo, que han producido usos y convenciones sociales, formas de relacionarnos los unos con los otros y de valorar los gestos. Muchas veces, cambiando pequeñas relaciones como las tarifas telefónicas, se pueden generar transformaciones sociales en el tejido más íntimo de nuestras relaciones ¿Cómo nos sentaría que alguien nos llamase para saber que nosotros si uno tiene que pagar la llamada?







No se entiende mucha esta propuesta, en una Comisión que debería mirar por los ciudadanos. Si todo va bien, el Parlamento debería tumbar esta propuesta. Sino, que no vendan motos de control a los grupos de presión, también llamados lobbys. Como bien dices, es grotesco llamar a alguien, sea para lo que sea, y hacerle pagar. Para eso, además, existen las llamadas perdidas. Quizás con eso lo que quieren aniquiliar también. Una vez me dijeron que estas ‘perdis’ se deberían cobrar (porque implican un movimiento de satélites) pero que las compañías, tan majas ellas, lo perdonan.
La tarificación será bueno o mala dependiendo de cómo termine, pero para eso habrá que esperar.
En otro orden de cosas, yo sí creo que las relaciones económicas y comerciales son configurantes de una parte de la existencia individual, independientemente de que en otros planos valorativos nos parezcan positivas o no.