Pues voy a escribir alguna cosa más sobre los últimos acontecimientos habidos en la huelga de los transportistas. Parece que el Ministerio del Interior se ha puesto las pilas y ha mandado a la Policía y a la Guardia Civil a hacer su trabajo.
Las carreteras se van descongestionando, se producen detenciones y se inician los procedimientos sancionadores que deberían terminar en la retirada del carnet a los que han intentado “reventar” este país.
Recomiendo con insistencia la magnífica entrada de Luis Solana en la que sale al paso a la absurda pregunta sobre si un gobierno de izquierda puede moralmente mandar la Policía contra los transportistas.
Una vez que se ha va restaurando el orden es menos posible que no haya atropellos de miembros de piquetes, que no se incendien camiones, que algunas empresas no quieran sacar sus camiones por temor, que millones de españoles no sean rehenes en las carreteras y que se garantice el trabajo al que lo quiera ejercer.
El Estado no puede abandonar a los ciudadanos y la verdad es que el gobierno ha estado lento, confiado en que podía negociar con los que piden lo imposible. La actuación debería haber sido antes, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Lo que no me deja de llamar la atención es que finalmente Rubalcaba ha tenido que ser el que asuma lo costoso y saque al gobierno del atolladero.







¿Importa mucho si se trata de una huelga de asalariados o de un paro de trabajadores autónomos? Estoy de acuerdo con muchas de las cosas que dices sobre la huelga, pero no entiendo la importancia de esa diferencia. La coacción a otros trabajadores (o simplemente a ciudadanos) por parte de piquetes es igual de ilegal la lleven a cabo asalariados o autónomos.
Por otro lado, si a eso vamos, creo que identificar a muchos autónomos españoles con “la patronal”, habida cuenta el régimen fiscal y laboral que regula su actividad es un poco tendencioso. Y digo esto siendo el primero a quien esta huelga o paro o como se le quiera llamar es salvaje, y también en reclamar al Gobierno la mayor de las firmezas, no sólo en el orden penal, sino igualmente en el económico.
La importancia, relativa, deviene del hecho de que se hable del ejercicio del “derecho a huelga”, el cual no es evidentemente ejercido en este caso.
La referencia a patronal ha sido en el contexto de la legalidad o no del “cierre patronal” (en otra entrada de este blog) a la hora de categorizar este suceso. Evidentemente no es equiparable un autónomo a un concepto tradicional de patronal, aunque creo no haberlo ocnfundido.
No sé si tú los confundes, pero si no lo haces tal vez deberías repasar el artículo de Solana que recomiendas como “magnífico” y lo retóricas que resultan algunas afirmaciones como ésta:
“el Estado tiene que acudir a atender a los más débiles. Pero eso no quiere decir que a unos empresarios que no consiguen rentabilizar su negocio el Estado los tenga que compensar con fondos públicos.”
Muchos de esos empresarios están luchando por la supervivencia de sus empresas (en muchos casos un camión pagado a plazos).
A mí me parece inevitable que muchas de esas “empresas” desaparezcan. Pero eso no significa que hoy no se encuentren entre los “más débiles”. Desde luego, terriblemente vulnerables a los precios del petróleo y a la competencia con otros mayores -y, por tanto, también más fuertes-. Son consecuencias del mercado, del mismo mercado que hizo desaparecer a los sastres, a los alfareros y a los vendedores de enciclopedias. Forma parte de lo inevitable, y tratar de arreglarlo con regulaciones (tarifas máximas) y subvenciones (deducciones por gasoil, exenciones de tasas…) es repercutir sobre los consumidores y ciudadanos en general, no ya la subida del crudo, sino la incapacidad de los autónomos del transporte su incapacidad para competir con los grandes.
Tal y como yo entiendo “los más débiles” son los que tienen un punto de partida más desfavorable. En todo lo demás básicamente estamos de acuerdo.