La limitación de los mandatos es uno de esos tópicos de “regeneración democrática” que escuchamos de ver en cuando. La tesis fundamental es que cuando alguien con un alto cargo político no puede superar los dos mandatos, por ejemplo, no sólo sale él sino todo su aparato de confianza y toda la red de relaciones que se puedas haber establecido en ese periodo.
Sensu contrario se quiere decir que la continuidad en los puestos por un número de mandatos, no superior a dos, provoca una degeneración democrática a través de redes sociales clientelares y corruptas.
Cuando existen estas redes sociales y de poder informal la solución no está en la limitación de mandatos, sino en el funcionamiento correcto de sus sistemas de control y de represión de las conductas delictivas. La limitación de mandatos no desmantela nada, porque el aparato y las redes perviven al dirigente.
El “jefe” puede ocupar otro puesto (quizá de menos rango), pero desde el que pueda ejercer el poder tras colocar un títere en el primer puesto, como ha sucedido en Rusia con Putin y Medvédev (por no hablar de muchos casos en municipios y provincias españolas cuando el “jefe” es inhabilitado). El “jefe” tiene la posibilidad de desaparecer de la vida pública y dejar a tantas personas que le deben lealtad personal que el sucesor tenga que seguir sus directrices.
José María Aznar se autolimitó el mandato. No se presentó a su segunda reelección y eligió al que habría de ser su sucesor. Rajoy era del aparato y tras la marcha de Aznar todo el aparato se quedó como estaba antes de la salida del Presidente. La limitación de mandatos no sirvió para renovar nada dentro del PP, sino más bien para dejarlo todo como estaba.
Lo malo de todo esto es que la limitación de mandatos es utilizada por partidos que pierden continuamente las elecciones contra candidatos de gran valía electoral y muchas veces también de alto valor político. Para ellos la limitación de mandatos es el único mecanismo que les ocurre para lograr lo que no obtienen en las urnas: echar al vencedor y tener una opción electoral.
Alguien podría decir que habría que limitar todos los puestos; sería la versión maximalista. Pero la consecuencia de todo ello es que no habría políticos con experiencia y que todas las decisiones quedarían en manos de los funcionarios, los únicos permanentes.
La limitación de mandato es un mecanismo legal que no sirve para eliminar poderes informales o ilegales, que ya se han saltado previamente los límites del ejercicio del poder, en el caso que se den. Los mecanismos para terminar con mandatos que trascienden los límites legales son, como dije antes, el control y la represión de las conductas ilegales.







Buena reflexión, aunque yo soy más partidario de la limitación de mandatos. De hecho pienso que fue lo único bueno que hizo Ansar, aunque viniendo de él me parece que lo hizo más para equipararse al presidente de EE.UU., que por una razón estricatemente demócrática.
Decía que me parece bien, aunque sí se podría alargar un poco, por ejemplo a los 12 años.
En Catalunya tuvimos dos ejemplos de presidentes perennes: Jordi Pujol y Josep Lluis Núñez. Ambos estuvieron más de 20 años. Tanto tiempo en el poder hace que las prácticas democráticas se confundan con un “todo es mío”, y lo que antes era consensud, pase a ser unilateral.
Pero las malas prácticas se resuelven con medios de control y de represión. Hay quienes desde el primer día ya están liados y un mandato les sobra y les basta para …
Y seguimos con este tema que me parece tan interesante…
Siendo sinceros, siempre me ha parecido una soberana tontería la limitación de mandatos puesto que creo que es una limitación inútil al principio democrático en que se fundamenta nuestro Estado.
Supone, a decir verdad, una cierta incapacidad para optimizar los recursos humanos del país, ya que, al margen de clientelismos y demás (para lo que much@s no necesitan ni un sólo mandato) impide que un buen electo pueda seguirlo siendo el tiempo correspondiente, dislocando el (buen) juicio de los electores. Un mal gobernante debe ser expulsado de la poltrona no porque no establezca un mandato constitucional o legal, sino porque es el poder soberano el que así lo decide.
Quizá suene un poco utópico, pero no creo que esa celebérrima regeneración democrática pase precisamente por limitar mandatos, puesto que nuestros problemas son otros de muy diferente calado, y nada asegura que el pesebrismo y la corrupción no surjan con tales límites al ejercicio del poder público, porque todo el personal (directivo, predirectivo, de gestión y demás) de las diferentes administraciones sigue ahí… ¿o también deben ser movibles?
José Antonio, totalmente de acuerdo… y sí, los funcionarios debe ser permanente:
http://geografosubjetivo.wordpress.com/2008/05/19/oda-al-funcionariado/
Claro, yo también pienso que deben ser permanentes… Es más, aspiro a ello en cuanto acabe mi(s) carrera(s). Pero, desde ese pensamiento neoregeneracinosta, si queremos eliminar corruptelas, clientelismo y demás, qué mejor. Pero claro, como la mismísima Rosa Díez es funcionaria de carrera en servicios especiales, eso no lo dice.
Los regeneracionistas quieren recrear la clase de los cesantes.
Lo que ocurre a mi parecer es que cuando la oposición clama por limitación de los mandatos realmente está pidiendo la alternancia política en el gobierno, olvidándose de que la alternancia se obtiene ganando las elecciones, con los votos del pueblo, no limitando mandatos.
Pongo como ejemplo en Andalucía, lo más próximo para mi. El señor Arenas basó su campaña electoral de las últimas elecciones autonómicas en que Chaves llevaba demasiados años ostentando el poder. Realmente no pedía que el PSOE presentara otro candidato, sino que debería ser él mismo el nuevo presidente. Se le olvidaba el paso de las urnas, no creéis?
[...] que afirman que la limitación a dos mandatos (o tres, pongamos el caso) no es efectiva (leer “La escasa utilidad de la limitación de mandatos”) poniendo el caso de Putin y Medvédev. Aunque Putin puede volver a presentarse como presidente [...]