Cuando un partido hace una promesa electoral llamativa, otro partido le acusa automáticamente de electoralismo, que en el lenguaje político de nuestros días es un eufemismo de clientelismo. Por otro lado a nadie le parece mal que las personas tengan sus intereses personales como criterio fundamental a la hora de decidir su voto. Entonces ¿qué diferencia hay entre el voto según los intereses y el voto clientelar?
La distinción entre estos dos tipos de voto es difícil en cuanto que ambos responden a una misma estructura: una oferta de una acción política que resultaría beneficiosa a una persona es determinante para votar a la candidatura o al candidato que realizar esa oferta.
Las tesis es que la diferencia está tanto en la distancia entre el proponente y el beneficiario, como la mayor concreción personal. La oferta no es igual que sea muy concreta y que tenga repercusiones directas sobre la vida que líneas políticas generales con concreciones muy generales (valga la contradicción).
Pero la diferencia fundamental, a mi modo de ver, es que la haga un candidato más cercano que otro más lejano, dicho en claro, no es lo mismo que el Presidente de una Comunidad diga que va a tomar medidas para que todos los menores de treinta y cinco tengan una vivienda en propiedad, que alcalde de una localidad pequeña o mediana diga que si le vota dará casas municipales a todos los menores de treinta y cinco. El clientelismo requiere un contacto directo entre patrón y cliente.
Si antes he dicho que la estructura es la misma, ahora indicaré una diferencia estructural. En el clientelismo cabe una inversión temporal, es decir, antes se da el beneficio que la acción del respaldo electoral. Para que se dé esta inversión tiene que haber una red de control suficiente para que el beneficio se traduzca electoralmente, lo cual es fácil en comunidades con relaciones fuertes, poca valoración de la fuerza del voto o suma necesidad del votante.
El clientelismo no se dirige a grupos amplios, sino que intenta atender personalmente, aunque sea a un grupo amplio. Por ello la promesa clientelar no se pronuncia, sino que se pide, mientras que la oferta electoral del voto por interés responde a una fuerte a una generalidad hecho por el candidato o la candidatura, no por el posible beneficiario. Para acabar, el clientelismo siempre rodea o traspasa la legalidad, mientras que las ofertas del voto por interés suelen acomodarse a la legalidad o proponen abiertamente un cambio de ésta.







Tienes mucha razón al afirmar que el clientelismo es directamente proporcional a la cercanía del electorado. Tristemente en mi pueblo natal se ha pasado por unos años de estómagos agradecidos y populismo barato que atestiguan lo escrito por ti, y aunque lo parezca, no hablo de Marbella.
Es fácil ver que la política se vuelve más tramposa e interesada a la vez que menos ética en las distancias cortas.
En la pequeña/mediana ciudad en la que vivo es igual.
Hola Geógrafo:
Pienso que la ciudadanía es cada día menos de voto fijo. El voto ideológico que se estilaba en las últimas décadas del siglo pasado ha pasado, valga la redundancia, a mejor vida. La ciudadanía busca efectividad práctica, quien más la garantiza es al que se vota. Eso junto a la personalidad del responsable político es lo que se valora, o más bien lo uno se valora sobre lo otro.
Recibe un cordial saludo.
Atentamente, Javier Caso Iglesias.
El Clientelismo es un mecanismo de reproducción de la democracia populista…
Aquileana :)