Llevaba tiempo dándole vuelta a una idea sobre lo importante que parece ser para los españoles lo que diga la prensa extranjera de nosotros. Pero no es sólo lo que diga la empresa, sino también todo lo que se haga en determinados países, de forma que si en Francia eligen en dos vueltas, es mejor que lo que hacemos nosotros; que si en el Reino Unido es mayoritario, es mejor; que si Alemania tiene una doble lista, pues es también mejor.
Egócrata bautizó este comportamiento como la “teoría del desayuno”, según la cual el desayuno de fuera de casa siempre sabe mejor que el que te tomas en casa. Yo prefiero denominarla el “espíritu cateto”, como ya hice en un artículo del periódico local en el que colaboro semanalmente y en una entrada dedicada a la obsesión de Rajoy con Merkel y Sarkozy.
Las comparaciones, contra lo que dice el refrán, son buenas y, aun más, son necesarias. Pero la comparaciones deben establecerse sobre términos equivalentes o realidades similares, no sobre asuntos que no lo son o que son consecuencias de la forma de entender las cosas en cada país, ya que por algo somos diferentes.
Las comparaciones sirven para ver cuál es nuestra verdadera posición en eso que se ha dado a llamar “nuestro entorno” y cuánto hemos hecho y cuánto nos queda por hacer para alcanzar los parámetros medios o de los mejores. Ello no quiere decir ni que todo sea comparable ni que todo lo que se diga o haga en el exterior sea superior a lo realizado o dicho por nosotros.
Dos ejemplos magníficos de este espíritu cateto lo pudimos ver en la prensa española antes y después de las elecciones generales. Antes de las elecciones, el portal Terra daba titular a la opinión de la prensa belga sobre las repercusiones electorales del asesinato de Isaías Carrasco. No sé que fuentes y qué conocimiento tenían los columnistas belgas sobre las tendencias de voto en España, sobre la volatilidad que podía producir un atentado terroristas o si habían seguido al detalle los sondeos diarios que los partidos y las empresas especializadas manejaban, pero mucho me supongo que toda su opinión, a la que Terra le dio tanta relevancia
El otro es la insistencia que hacía “El Mundo” en la opinión de “The New York Times” sobre los resultados de las elecciones en España. Me he tomado la curiosidad de buscar en la web de este periódico, los artículos y noticias sobre España y son superficiales, centradas muchas veces en el terrorismo y muchas de ellas viviendo directa o indirectamente de las agencias. Las opiniones que NYT publica sobre España son las de su corresponsal, que escribe a propósito de lo que lee en los medios españoles (prioritariamente en “El País”) y poco tiene que ver con el conocimiento ni de la vida ni de la cultura política española.
¿Son mejores las opiniones de los medios extranjeros sobre lo que pasa en nuestro país que la de los medios y la de los opinadores españoles? No. No porque el conocimiento que muchos corresponsales tienen de España es simple, a veces tópico, y poco trabajado, ya que para mandarle a sus medios la información que estos solicitan sobre nuestro país solamente basta con seguir “a nivel usuario” la prensa española.
¿Tienen la objetividad que da la distancia? No, porque sin conocimiento la distancia emocional, afectiva o existencial solamente provoca ignorancia, no una mayor profundización y menos tendencia partidista o de grupo.
¿Alguien piensa que en la prensa norteamericana tenga valor lo que un periódico español diga sobre las elecciones presidenciales de los EEUU o que la prensa belga esté pendiente de los análisis que se hagan en España sobre las dificultades que tienen en ese país para formar un gobierno?






