El artículo 140 de la Constitución permitiría la elección directa de los alcaldes por parte de los vecinos y no sólo la elección a través de los concejales, que es la forma normal en la inmensa mayoría de los municipios.
En 2002 el PSOE propuso una reforma de la LOREG (Ley Orgánica de Régimen Electoral General) para que los alcaldes fueran elegidos directamente por los ciudadanos. En mayo de 2004, la Vicepresidenta de la Vega anunció esta propuesta dentro de un proyecto más amplio de reforma municipal y de igualdad entre hombres y mujeres. Ahora, en mayo de 2008 nadie se acuerda. En el Programa Electoral de 2008 esta propuesta no aparece (páginas 270 a 273).
No era la primera vez que se hacía esta propuesta y estas cosas novedosas gustan hasta que hay que estudiarlas y los problemas aparecen.
1) Lo primero que se me ocurre es si la elección debería ser a una sola vuelta o a dos vueltas. Una elección a una sola vuelta es más rápida y económica, pero podría aupar a un candidato minoritario (no votado por la mayoría de los votantes) a la Alcaldía. Una segunda vuelta atrasa la elección y es un poco más cara, pero garantiza que el elegido recibe el apoyo de la mayoría de los electores y movilizaría el voto útil, haciendo que los partidos nunca pudieran aspirar a ciertas Alcaldías.
2) Si tanto el alcalde como los concejales han sido elegidos democráticamente, es lógico pensar que se pueden dar situaciones en las que un alcalde que no tiene el apoyo mayoritario de los concejales. Los concejales podrían paralizar las funciones del alcalde si éste no tiene unos poderes o hay unos mecanismos de equilibrios. Una elección ciudadana puede hacer inútil a la otra.
3) Esto equivaldría a establecer un sistema presidencialista en nuestros ayuntamientos. El presidencialismo tiene ventajas (un ejecutivo legitimado directamente por los ciudadanos), pero plantea problemas como son la debilitación de los partidos, la posible parálisis por desavenencias entre alcaldes y concejales y otras muchas situaciones, como la incapacidad para aprobar ordenanzas o los presupuestos municipales si el alcalde no tiene mayoría que le respalde. En esto es coincidente con la propuesta del PP de que la lista más votada sea la que gobierne los municipios.






En realidad, el sistema actual es más que bueno.
Y, como bien dices, es mucho más funcional que un sistema que le diera más poderes al alcalde.
Barcelona tiene un alcalde (y un equipo de gobierno) en clarísima minoría, con el pleno de regidores aprobando propuestas y ordenanzas que luego el alcalde no cumple.
Si el pleno fuese una cámara legislativa, obviamente sería inaguantable. Pero no lo es. Sea por A o por Z, el sistema que hay en España es que un alcalde es el que manda, el resto de regidores del equipo de gobierno, también, pero por “delegación”. Y estar en minoría, salvo ser realmente molesto para aprobar modificaciones presupuestarias o cosas así, no es mucho obstáculo.
Lo único, si la gestión alcaldal es francamente mala (por eso existe esa bella palabra de “alcaldada”), y suscita unificación de intereses en la oposición, la correspondiente moción de censura la tendría perdida. Pero una cosa (a nivel municipal) es estar en minoría, y otra muy diferente no poder gobernar. La fuerza que un partido pueda tener en el “grupo parlamentario” de una cámara legislativa no es asimilable a la situación municipal, donde quien realmente manda es el alcalde (y el partido, si tiene influencia o ascendente sobre él).
Con el sistema actual podría darse perfectamente un pleno de regidores de un determinado partido, y un alcalde de una formación minoritaria (incluso independiente), y ser una situación estable y de buen gobierno.