Continuo mi serie de entradas sobre “Fauna Humana“. El rechazo social de determinados estereotipos eclesiásticos ha hecho que algunos sacerdotes vayan de modernos y actuales para conseguir superar los recelos iniciales. Dicen que son comprensivos, utilizan ridículamente un lenguaje adolescente, que las cosas no pueden ser como antiguamente y el Cristianismo es lo último en tendencias religiosas y éxito social.
A poco que se profundice uno se da rápidamente cuenta de que esa supuesta modernidad, una impostura, normalmente acompañada de una preparación intelectual escasita y en la que se ataca a todo lo que suena a Modernidad. Luego llega el núcleo duro pero expresado más vagamente: sumisión de la razón a la fe, familia tradicional, sexo poco o nada, sometimiento al clero y la recomendación de algunos libritos devocionales que tienen la apariencia de ser de autoayuda.
Alguien puede creer que la razón es una miseria en comparación con los relatos legendarios de su religión o que el sexo es un mal menor solamente admisible para conseguir la procreación. Todo ello, que no comparto, puede ser defendido por otros para su vida privada.
Esto no es obstáculo para que estos sacerdotes pseudomodernos me den un poco de asquito, primero porque hacen una falsa publicidad y segundo porque se avergüenzan de sus creencias, de manera que las ocultan bajo una apariencia de actualidad moderna y sólo cuando su interlocutor ha mordido el anzuelo y baja sus defensas, entonces pasan al ataque con el núcleo del mensaje que intenta transmitir, que es el de siempre.






Mi experiencia con curas de los que llamas pseudo modernos coincide con la tuya en lo que cuentas en el primer párrafo y en la primera frase del segundo. Luego mi experiencia de trato es otra: cuando llegas al “núcleo duro”, como su preparación es escasa, todo es blandito, suave y relativo. Y otra característica de estos curas: ninguna cumple ya los 45.