Conocí a Eduardo en la penumbra de un cine-club. Posiblemente el mejor sitio para conocerlo. Después vinieron muchos viernes de películas, debates, cervezas, risas hasta la madrugada y proyectos. Luego cada uno de nosotros tomó su camino y el contacto se perdió. Eduardo es para mí como el cine, con su claridad en la pantalla y su oscuridad en la sala, pero sobre todo siempre sorprendente. Hoy me he enterado de que ha fallecido.
Sobre Eduardo.
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Acabo de ver este artículo. Yo trabajé con Eduardo en el último proyecto de su vida, el malogrado periódico “Mucho Ocio”. Aún me duele cuando le recuerdo, con tantas ideas en la cabeza, tantos proyectos y aventuras que no pudo llevar a cabo. Sobre todo me acuerdo de su facilidad para animarnos en los momentos más bajos, y para inyectarnos la necesaria dosis de optimismo que a él le sobraba a borbotones.