El debate terminológico, más que ideológico, dentro del PP realmente es un debate sobre los límites de la definición y de los conceptos definidos. Hace varias semanas recurría a los conceptos de intensión y de extensión para hablar de la relación entre eficacia de un tratado internacional y el número de Estados-Partes.
Los buenos conceptos científicos tienen la virtualidad de ser fecundos y de poseer un campo de aplicación amplio, por lo que nos pueden ayudar a comprender no sólo el debate terminológico (ideológico) del PP, sino la propia estructura de los partidos políticos.
Definiendo rápidamente la intensión podemos decir que es el número de características que se incluyen en un concepto, mientras que la extensión sería la cantidad de objetos susceptibles de entrar en la categoría que un concepto establece. Cuanta más grande sea la intensión (cuanto más intenso es un concepto), la extensión será menor y también, cuanto mayor sea la extensión, la intensión será menor.
Rajoy defiende la amplitud ideológica de su partido como su signo distintivo, no tanto por convicción sino por necesidad electoral. Cuanto menos determinado sea ideológicamente un partido, más personas pueden identificarse con ese partido y votarlo.
Ésta es la dinámica de los grandes partidos contemporáneos: intentar tener una baja intensión para poder ampliar su extensión, ya que las elecciones solamente se ganan teniendo la mayor de las extensiones en las votaciones.
La reivindicación de una mayor definición ideológica, como hace Aguirre al querer un PP más cercano al Liberalismo, haría más distinguible al PP. Sería más intenso y menos extenso, pues todo el que no se considere liberal (y en el PP hay muchos conservadores) puede que busque otras opciones con las que sí se identifique y que no le excluyan.
El hipotético triunfo de la definición del PP como partido liberal podría provocar la pérdida de buena parte de la base electoral conservadora (la más importante numéricamente) y dejar descubierto una parte del espectro político y electoral que podría ser ocupado por otra formación.
Los partidos que aspiran a alcanzar una mayor extensión electoral tienen que hacerlo a costa de cierta indefinición, como ya hicieron PSOE y PP durante los primeros quince años de democracia. PSOE y PP ocupan todo el espectro desde la derecha a la izquierda, luchando por ese paraíso de rendimientos electorales que es el centro político (los electores más indefinidos). Una definición más estricta satisfaría a unos pocos, aunque dejaría huérfanos a muchos.
Segunda parte: Intensión y extensión en los partidos políticos (II). La fragmentación de los partidos extremistas.







En la era de los “catch-all-parties” el que se cierra en banda es el que pierde. Totalmente de acuerdo.
Aún así, decir, como dijo Rajoy, que en el PP también caben los socialdemócratas, es irse de madre. Y bastante.
Y como cuando dije, con Buenafuente, qué era el Socialismo clásico y que él lo representaba mejor que Zapatero. Una cosa es no cerrarse puertas y otra es tirar los tabiques.
“Los buenos conceptos científicos tienen la virtualidad de ser fecundos…”
Tanto como la sabiduría del sentido común: “Quién mucho abarca (extensión), poco aprieta” (intensión).
Tienes toda la razón, pero en términos electoral el refrán falla. Electoralmente la extensión tiene más valor que la intención. Habría que reformularlo como “quien mucho abarca, muchos votos se lleva”.
Estoy de acuerdo en la hipótesis, pero no en su aplicación a la realidad del PP. ¿Por qué? Porque no se toman en cuenta los dos ejes de donde se adscriben las posiciones políticas. Aguirre es liberal, sí, pero sólo respecto a las coordenadas económicas del término. No sé cuál es su ideología privada pero lo que está claro es que en cuanto a coordenadas ideológicas se sitúa, o la sitúan sus palmeros finos, en el conservadurismo cimarrón. Es decir, y de nuevo volviendo a tu hipótesis, que es capaz de ofrecer una opción que aprecien tanto los liberales como los conservadores. ¿Por qué? Porque los autodenominados liberales suelen serlo sobre todo en lo económico, siendo lo demás secundario. En cambio los conservadores lo son sobre todo por principios ideológicos, siendo los económicos compatibles e incluso coincidentes con posiciones neoliberales. Aguirre entonces, como Bush hizo en su momento, puede dar a la derecha todo lo que desea. Otra cosa es, eso sí, que aleje definitivamente al votante moderado, al menos en ciertas autonomías.
Yo también dudo del Liberalismo de Aguirre y de los suyos. Hace más de nueve meses escribí sobre el tema:
http://geografosubjetivo.wordpress.com/2007/07/02/el-parapeto-liberal-de-esperanza-aguirre/