Jiménez Losantos tuvo este fin de semana un enfrentamiento con un jesuita durante una charla (por llamarla de alguna manera) en un local dependiente del Arzobispado de Madrid. A lo largo del enfrentamiento el locutor de la COPE le dijo al jesuita, el padre Norberto Alcover, que no comprendía cómo seguía estando en la Compañía de Jesús si le acusaba a él de levantar determinadas pasiones todas las mañanas.
Rectificar es de sabios, reza el dicho popular, pero la rectificación debería proporcionarle al que rectifica una mayor humildad sobre lo categórico y lo relativo de sus argumentos anteriores y presentes. Jiménez Losantos ha pasado desde el Comunismo revolucionario al Liberalismo más ultra (aunque yo piense que de liberal tiene poco).
Lo que ha caracterizado, en mi opinión, la trayectoria ideológica de Jiménez Losantos ha sido el dogmatismo. Ha sido y es dogmático de la ideología que profese en casa momento, como Roger Garaudy.
Pero centrándonos en la actualidad: ¿Qué motivos hay para creer a Jiménez Losantos después de que defendiera dogmáticamente que Rajoy debía ser Presidente del Gobierno y a las pocas semanas ande pidiendo perdón?
La diferencia entre el padre Alcover y el locutor de la COPE es que el padre Alcover ha defendido siempre sus convicciones dentro de su primera vocación. El padre Alcover lleva siendo jesuita más de cincuenta años, y casi cuarenta siendo sacerdote, sin cambiar de creencias constantemente conforme a la moda de los tiempos o de los intereses personales.
El padre Alcover no tiene que justificarse ni como jesuita ni como sacerdote ante alguien que, antes de lo que pensemos, oiremos desde otra emisora lanzando los ataques más furibundos que se puedan pensar contra la Iglesia Católica, su actual patronal. Cuando esto acontezca el padre Alcover seguirá cumpliendo con su vocación de jesuita y de sacerdote, como lo hacía cuando Jiménez Losantos anhelaba la “Dictadura del Proletariado”.







Jiménez Losantos cuenta con una hinchada cada vez más fanática, más encerrada en sí misma y más reducida. Yo creo que está perdiendo la cabeza y que no le queda mucho tiempo de estrellato.
Y le recuerdo que los jesuitas tienen cerca 5% del accionariado de la COPE, según tengo entendido.
“Yo creo que está perdiendo la cabeza y que no le queda mucho tiempo de estrellato.”
Yo creo que nunca tuvo una cabeza muy sana como se demuestra en el hecho de que siempre tiene que agarrarse a algún dogmatismo y que, por tanto, no tiene término medio a parte de que esa agresividad siempre a flor de piel tb es sintomática. En cuanto al estrellato, si tenemos en cuenta que la basura siempre vende y que en España siempre hay una derechona muy extremista (el franquismo sociológico), pues lo tiene casi garantizado.
Pero lo más grave y a la vez relevante es que tengamos un obispado tan sumamente casposo, cuaternario y gánster que, entre otras lindezas, tenga una emisora así y unos empleados así. Es un dolor para quienes somos católicos practicantes y militantes. Pero es lo que hay cuando sufrimos una fuerte involución en la jerarquía eclesiástica, o sea, en una institución no muy dada precisamente a poner los relojes al dia y en una época de involución a nivel mundial.
“no tiene término medio a parte de que esa agresividad siempre a flor de piel”
Quiero decir: “no tiene término medio, aparte de que esa agresividad siempre a flor de piel…”
Totalmente de acuerdo, especialmente cuando dices que el Episcopado pone en ridículo, muchas veces, a millones de católicos practicantes que no se identifican con su radicalismo, además de sacerdotes, religiosos y religiosas de trabajo y vida ejemplar.
Ahí le tienes junto a Pedro J., intentando que el negocio no se le vaya de las manos, y por tanto, apoyando a la Aguirre para que ese trasvase hacia el centro que supuestamente está intentando Rajoy no se produzca de ninguna de las maneras. El que ahora quepa dentro del PP un amplio espectro que va desde los “ultras” a los más centrados, les reporta mas beneficios.
Y Rosa Díez esperando que le lleguen los votantes desafectos. Ana, se te echaba de menos.