Voy a hablar bien de Esperanza Aguirre. No realmente no lo voy a hacer, pero sí voy a hablar mal de uno de sus enemigos en el PP, lo cual, en aplicación de la ley “quien critica a mi enemigo, me alaba”, será una afirmación a favor de la “lideresa” popular.
Las declaraciones de Manuel Cobo sobre la inconveniencia de que se hable de la candidatura de Esperanza Aguirre a la Presidencia del PP me han llenado de extrañeza. Decía algo así como que no era el momento.
Me gustaría preguntarle a Manuel Cobo que ¿cuándo es el momento para pensarse si uno se presenta como candidato a presidir su propio partido? ¿El momento es el día después de que Rajoy sea elegido en un Congreso “a la búlgara”?
No tengo nada que decir a que él piense que Aguirre no tiene apoyos dentro del PP, pero hay que decirle al Vicealcalde que si no hay un momento entonces nadie se presenta de candidato, salvo el candidato oficialista.
Presentarse no es un acto de deslealtad contra el Partido y hace bien reconocer que es un derecho de todo militante (la teórica se la sabe). Pero debería ser consecuente con la teórica y empezar de llamar “presidente” a Rajoy y referirse comenzar a pensar que es un simple candidato que tendrá que ganarse la primera elección democrática de su vida, eso sí, siempre que haya una alternativa.
El procedimiento es imprescindible cuando hablamos de democracia, incluso cuando esa democracia es algo tan vaporoso como la “democracia interna”. Hay que guardar las formas, al menos, y no colocar a un candidato como el natural, el normal, el único que tienen sentido y que destruirá el partido. Los candidatos oficialistas, inevitables, han de disimular un poco el peso del aparato, porque pueden generar un voto anti-aparato e incluso una escisión.







Je, je… Éstos también la defienden:
“Los padrinos de Jiménez Losantos”
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