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Archive for 31 marzo 2008

El servicio exterior es una de las partes más importantes del Estado y a la vez una de las más desconocidas. Casi nunca salen noticias referidas al servicio exterior, pocas veces está en el debate político, ya que es víctima de lo que suele pasar en España: las instituciones fundamentales del Estado son dadas por obvio, dejadas a su inercia secular hasta que un día alguien se da cuenta que esa parte del Estado se encuentra a varios siglos tanto de los equivalentes en otros países como de otras partes del mismo Estado.

A través del servicio exterior España se presenta ante el mundo, se relaciona con otros estados, defiende sus intereses, adquiere conocimiento sobre la política de otros estados en lo que a España le pueda afectar, así como es el instrumento principal de participación en la adopción de instrumentos internacionales, especialmente en las organizaciones internacionales.

Una buena muestra de que el gobierno socialista sí ha gobernado en estos cuatro años es la actividad que ha existido en torno a la reforma integral del Servicio Exterior de España. Se ha culminado con un buen informe y un primer plan aprobado en Consejo de Ministros, al que seguramente seguirán normas reglamentarias, algunas legales, y unas serias aplicaciones presupuestarias.

El informe de las deficiencias del Servicio Exterior es demoledor. Se detectan problemas en los edificios, en las remuneraciones del personal, en la acreditación diplomática, en las comunicaciones de las embajadas, en la seguridad de éstas, en el tratamiento fiscal de los centros culturales en el exterior y una larguísima relación de cuestiones que hacen pensar que nadie ha querido hacer nada en este terreno en el último siglo. Con toda la humildad, quisiera hacer mis aportaciones, especialmente en aquello que creo que el informe de la Comisión no entra.

El número de diplomáticos españoles en el exterior es ridículo. No sé si la fórmula de incorporación a la carrera diplomática es la mejor o si bien sería conveniente crear diversos cuerpos o vinculaciones independientes del Cuerpo Diplomático. Lo que sí tengo claro es que tener pequeñas promociones de diplomáticos, según un sistema de selección demasiado rígido. Se desperdician talentos, que trabajan en otros sectores o para otras ramas de la Administración, para mantener un sistema de selección que más parece un generador de “títulos nobiliarios” para jóvenes excedentes.

Para acceder a la Escuela Diplomática, que es la puerta de ingreso al Cuerpo Diplomático, hay que superar una oposición de un temario muy variopinto en la que, lógicamente, los idiomas tienen un peso primordial. No preferiría que la Escuela fuera eso, una escuela que enseñara al que no sabe y no sólo una academia para adiestrarse en el funcionamiento de la profesión. Es preferible incorporar a un especialista el Derecho Mercantil y luego formarlo en Derecho Internacional e incluso en idiomas, que tener conocedores de todo un poco, pero de nada en profundidad.

Tiene que haber más diplomáticos. España no se puede permitir no tener una embajada abierta en cada país que tiene reconocido y las representaciones ante las Organizaciones Internacionales tienen que ser amplias, para poder desarrollar todas las funciones posibles. Ampliar el número de diplomáticos no debe ir en detrimento del supuesto elitismo académico de este cuerpo, sino precisamente lo contrario: hay que incorporar a buenos profesionales y especialistas en todas las ramas.

De la lectura del informe me preocupa que se quiera reformar el Reglamento de Cónsules Honorarios, porque da la impresión de que se quiere potenciar una figura que debiera ser residual. Los consulados son un servicio del Estado español a sus ciudadanos en el exterior o de viaje, pero también son un servicio en los países en los que están, servicios cada día más necesarios.

Hay que dedicar mucho dinero durante mucho tiempo, como a todo lo que se quiere que funcione bien. El dinero que se invierte en el Servicio Exterior no luce electoralmente o ante los medios de comunicación, pero para eso hemos elegido un gobierno que quiere hacer política. Este gasto hace mejor al Estado, porque al fortalecerlo exteriormente, se hace interiormente

Los sueldos de los trabajadores del Servicio Exterior deben ser buenos o un poco más que eso. Si queremos buenos profesionales, con una formación de primera línea, pero luego pagarles como trabajadores del montón, no tenemos derecho a quejarnos luego que se van casi inmediatamente de consolidar su posición a trabajar en empresas privadas. Es evidente que el Estado no puede competir con sueldazos de ciertas empresas, pero lo que no es recibe que casi cualquier oferta privada mejore espectacularmente cualquier sueldo del Servicio Exterior.

Informe de la Comisión para la Reforma Integral del Servicio Exterior.

Acuerdo del Consejo de Ministros de medidas urgentes de Reforma del Servicio Exterior.

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El escándalo por la desidia de un órgano judicial, que ha permitido que un condenado esté en la calle y que vuelva a cometer execrables crímenes, ha puesto en el centro de la atención algunos de los problemas estructurales de la Justicia española. No creo que sea el momento de abordarlos todos, sino dos que tienen incidencia en este caso.

Hace unos años leí todas las resoluciones de la Comisión Disciplinaria del CGPJ de varios años. Era impresionante la blandura tremenda con la que los jueces estudian la responsabilidad de sus compañeros. Es un perfecto ejemplo de protección corporativista. A veces uno tiene que pensar que los jueces siempre encontrarán una buena agarradera para sancionar con una multita comportamientos que, en mi humildísima opinión, merecen la expulsión de la carrera judicial. No pertenecer al mismo cuerpo que el sometido a procedimiento disciplinario proporciona un necesario distanciamiento y sería positivo que en la Comisión Disciplinaria no hubiera ni un juez (tampoco un fiscal por la cercanía de oposiciones), sino que estuviera compuesta por funcionarios de otros cuerpos administrativos del mismo nivel.

El desfile continuo de funcionarios de Justicia que ha narrado la prensa (bajas, sustituciones por bajas, cambios de destino, sustituciones por cambio de destino, vacaciones después de las bajas y sustituciones después de las bajas) no me parece la mejor forma de mantener un trabajo constante. No dudo que todo este desfile se haya atenido a la legislación, pero es que es la legislación lo que hay que cambiar, así como hacer efectivos los controles, como en el caso de los jueces.

De la efectividad, organización, selección de personal y otras cositas ya buscaré un mejor momento para hablar. Sólo quiero indicar, para los que ya le echan las culpas a Bermejo que se olvidan del CGPJ (del que depende el juez), de la consejera de Justicia de la Junta de Andalucía (de la que dependen los funcionarios), porque de Bermejo sólo depende el secretario (si no me confundo).

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Países como Suiza, Luxemburgo o Liechtenstein siempre se nos han presentado a los españoles como arquetipos de sociedad democráticas, con unas economías robustas, unos derechos amplios y unos servicios públicos que son la envidia de todos los tiempos.

Sabíamos que en estos países en los bancos había productos financieros famosos por su secretismo y que atraían a las mayores fortunas del mundo, pero en la niebla de ese secretismo se moría nuestro conocimiento.

A lo largo de las últimas décadas nos hemos enterado que estos paraísos de la cultura occidental se han financiado con las fortunas desviadas del fraude fiscal, de la corrupción política, del tráfico de armas, las indecentes cantidades de dinero de las más crueles dictaduras, del crimen organizado o de las bandas terroristas. Estos días hemos conocido que ETA guarda su dinero en el finísimo y principesco estado de Liechtenstein.

La ecuanimidad, la humanidad y la rectitud de los ciudadanos de estos países, cualidades que han hecho época, se han edificado sobre las injusticias, los crímenes, los robos, las hambrunas, las guerras y todos los vicios morales y políticos que son los únicos capaces de engendrar estas fortunas secretas.

El secreto es su negocio, pero realmente la muerte es el verdadero negocio de estos impolutos países. Son sepulcros blanqueados; podredumbre con un excelente aspecto externo. Por lo menos, que a nadie se les ocurra volver a ponernos a esos países de ejemplo para nada.

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Quiero hacer un paréntesis en la política, para intentar reflexionar sobre Fernando Alonso y sobre los motivos por los que este chico no me cae demasiado en gracia.

Ante todo tengo que reconocer el esfuerzo, el trabajo y la dedicación que Fernando Alonso ha tenido a lo largo de su vida para conseguir los objetivos que se había marcado. Los sacrificios han debido ser muchos y onerosos, pero en su caso han tenido la satisfacción de alcanzar lo que buscaba.

No me cae demasiado en gracia porque tengo la sensación (absolutamente subjetiva) de que Fernando Alonso se avergüenza un poquito de nosotros, que es español porque no tiene más remedio (lo cual es muy orteguiano, dicho sea de paso), pero que las peculiaridades y el “glamour” de la Fórmula 1 la siente incompatible con lo “catetillos” que somos los españoles.

Para mí la Fórmula 1, antes que él llegase, era la versión dominical de los reportajes de “La 2”. Desde que comenzó en esta categoría, yo y millones vivimos las carreras como un acontecimiento de primer orden, hemos aprendido una barbaridad sobre este deporte y hasta hemos reventado de alegría con un adelantamiento o un tropiezo de Raikonen o Hamilton.

Nosotros que realmente de lo que sabemos es de fútbol, reinterpretamos futbolísticamente la Fórmula 1. Puede que a pesar de los esfuerzos de “Telecinco” sigamos siendo unos ignorantes y que para nosotros un sexto puesto no valga nada, aunque sea un logro significativo. Todo esto puede ser cierto, pero nosotros y nuestra presencia por millones delante de la televisión es lo que hizo que un español principiante tuviera patrocinadores y que ahora estos paguen un buen dinero para llevar su marca en un coche al que todo un país le va a prestar atención.

¿Qué le pediría a Fernando Alonso? Evidentemente no le puedo pedir a él ni a nadie un fervor patriótico que ni yo poseo, pero sí me gustaría ver complicidad por su parte hacia los aficionados españoles que recorren kilómetros para verlo en los circuitos europeos. No le puedo solicitar que sea ni más simpático ni más carismático (cada cual es como es), pero sí que cuando termina una temporada no pasa nada por dedicarte siete días a pasar por todas las cadenas de televisión y radio comentando que tal has visto el campeonato de ese año

En cierto modo somos sus clientes. Era un mercado por conquistar y nos hemos dejado asaltar por la Fórmula 1 comandada por Alonso. Sólo pedimos ser tratados como unos aficionados más, no como simple cuota de pantalla. Una vez liberado por el propio Alonso del débito de la fidelidad a un compatriota, yo animo a Raikonen, que me parece un gran piloto y que por fin pudo ganar su primer campeonato.

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Zapatero no hace ni veinte días que ha ganado sus segundas Elecciones Generales. Evidentemente nadie habla de su sucesión porque la victoria embriaga tanto que parece que va a ser continua, porque él no ha insinuado nada sobre si aspirará a un tercer mandato y porque en un partido que gobierna todos quieren estar a buenas con el jefe.

Pero la sucesión de los líderes políticos es algo tan natural como la muerte en los seres vivos. Ninguno es eterno. Zapatero que no es tonto, aunque la derecha lo minusvalore y desprecia a pesar de las derrotas que le propina sí tiene en cuenta este factor y puede que esté preparando su propia sucesión.

¿Cuál puede ser el próximo líder socialista? José Bono, a quien Zapatero le arrebató la Secretaría General del PSOE contra todo pronóstico en 2004. ¿Por qué Bono?

José Bono, aunque protagonizase una dimisión sonora allá por abril de 2006, no ha criticado al Presidente del Gobierno, ni a la línea política del PSOE, a lo sumo a dado a entender muy veladamente para luego cerrar filas con la dirección de su partido. Es un hombre de partido y eso es una de las cosas que más se valora en el PSOE.

La política de Zapatero está hundiendo a la izquierda más allá del PSOE y con los méritos que añaden los dirigentes de IU puede que al menos para la propia legislatura la resurrección no sea posible. Se ha constatado que el dogma de que a mayor participación, victoria de la izquierda, puede que no sea general del todo (especialmente si descendemos del nivel nacional y nos vamos a las circunscripciones), por lo que ir a por electorado del PP con un candidato más centrista sería razonable desde una perspectiva puramente electoral.

Lo poco que quieren a Bono los nacionalistas lo estamos viendo este día con las negociaciones para que tenga apoyos suficientes para ir elegido Presidente del Congreso. Los nacionalistas “periféricos” no lo quieren, lo cual lo hace un santo mártir a los ojos del electorado nacionalista español. El hecho de que su partido cuenta con él como Presidente del Congreso, con la proyección pública que ese puesto tiene, indica claramente que se le tiene preparado por lo que pueda pasar.

Una buena parte del electorado del PP podría estar dispuesta para votar a un candidato de las características de Bono. Esto votos ganados al PP compensarían la pérdida de votos por la izquierda, no sólo numéricamente sino en el juego de las distancias con los populares. Por cada voto que se le arrebatase al PP, este partido necesitaría tres votos para adelantar al PP. La pregunta es si este grupo de votantes del PP estarían dispuestos a cambiar sólo a causa de Bono, aunque no es del todo descartable, toda vez que las Elecciones Generales son cada día más unas elecciones presidenciales que unas elecciones legislativas.

Bono tiene a favor que es un triunfador electoral en Castilla-La Mancha. Ganó las seis elecciones a la que se presentó como candidato a Presidencia regional y todas con mayoría absoluta. Esto es especialmente notable cuando en Castilla-La Mancha ha experimentado un giro significativo al PP desde 1993, es decir, el PSOE regional obtiene victorias donde el PSOE nacional cosecha derrotas. Esto sí puede ser tomado como una prueba de que tiene capacidad de quitarle votos a la derecha. En su etapa de ministro era el más conocido, dos veces el más valorado, aunque también producía uno de los mayores rechazos.

Obviamente, no todo son ventajas para una hipotética candidatura de Bono. Buena parte del PSOE se ha sentido incómoda ante sus declaraciones, aunque todos le reconocen la fidelidad a las siglas y muchos socialistas se reconocen silenciosamente en sus palabras. El hecho de que los obispos estuviesen encantado con él, sería un problema dentro del partido.

Aunque en todo caso el mayor problema que tiene Bono procede de las únicas elecciones que ha perdido. Era el candidato favorito para hacerse con la Secretaría en el XXXIV Congreso y un diputado leonés, prácticamente desconocido, va y por un margen estrechísimo le gana. Es difícil que los socialistas quieran darle una oportunidad al perdedor y más cuando ya es un veterano. Tendría más posibilidades de suceder a Zapatero si él es quien renuncia a volver a presentarse que si la elección del nuevo candidato es fruto de una hipotética derrota electoral en 2012.

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La izquierda siempre ha sido muy reacia a los Estados Unidos como un todo, como política, como forma de vida, como cultural y como referente. El otro día leí una entrada de Lluís Pérez Lozano (en catalán y en castellano) en la que reivindicaba el liderazgo que la Norteamérica progresista ha tenido en las democracias occidentales, y achacaba a la influencia de la propaganda soviética en los años sesenta y setenta la alergia que la mayor parte de la izquierda catalana (y no diría que española) tiene a los Estados Unidos.

Guste o no los Estados Unidos son la democracia más antigua de las existentes y ha servido de modelo, más o menos confesado, a las diversas democracias occidentales. La democracia estadounidense exhibe sus virtudes y también sus defectos, lo cual ha sido una pedagogía impagable para los países que se adentraban en esta forma de gobierno.

No podemos dudar que en los Estados Unidos, los liberales (denominación local para la izquierda) han sido el motor del cambio y la transformación de este país. Los liberales han hecho de los Estados Unidos un referente en muchos planos, desde colocar a Norteamérica como primera potencia mundial a la efectividad de los derechos civiles reconocidos en la Constitución.

Se nos ha querido hacer creer que los Estados Unidos es un oscuro imperio de lo conservador. Pero pronto se olvida que Clinton ganó con tranquilidad sus dos elecciones presidenciales, que Al Gore obtuvo la mayoría de los votos populares (que no de mandatos) en 2000, que actualmente tanto la Cámara de Representantes como el Senado tienen mayorías bastante liberales, así como la mayor parte de los gobernadores de los diversos estados.

En España cuando gana la izquierda hay quienes dicen que es debido a la ignorancia de los españoles, pero buena parte de la izquierda española piensa que en Estados Unidos ganan los republicanos porque los estadounidenses son unos ignorantes. Reconozcámosles a los estadounidenses una sabiduría política al menos igual de consistente que la nuestra y seamos capaz de admitir que la decadencia de los liberales en los ochenta y primera parte de los noventa se debió en buena parte a política no renovadas y a creer que la sociedad no había evolucionado desde la época de F. D. Roosevelt.

Programáticamente Barack Obama no es el más liberal de los candidatos presidenciales que han tenido los demócratas. Pero Obama sí despierta el entusiasmo de los liberales. ¿Por qué? Porque Obama sabe transmitir con una oratoria brillante una identidad que todo el mundo tiene dentro de sí, una identidad de comunidad en la que hay que cuidar a todos sus miembros y recurre a la emoción. Ya lo dijo George Lakoff (a quien también Lluís Pérez  cita) no se vota según datos o “verdades”, sino según identidades.

La propaganda comunista que más éxito tuvo en Europa Occidental no era aquella que glorificaba a la Unión Soviética (cosa difícil ya que se conocían los horrores de la URSS), sino la que atacó sistemáticamente a los Estados Unidos. La propaganda comunista consiguió crear pocos comunistas pero sí multitudes de antiamericanos. Con ese prejuicio antiamericano se ha pretendido inocular el virus de la duda sobre la democracia como sistema, ya que si el arquetipo es perverso, sus reflejos tienen que serlo aún más.

Pienso que es hora que la izquierda europea deje de ser tan antiamericana; ya ha llegado el momento en el que declararse de izquierda y tener una visión amplia sobre los Estados Unidos no sean socialmente incompatibles; hay que rechazar el tópico que ser de izquierdas es ser forzosamente antimericano.

Esto no quiere decir que haya que caer en un movimiento pendular y ahora la izquierda quede embelesada por la democracia americana. Somos conscientes de lo bueno y lo malo que han hecho los Estados Unidos, mi invitación no es consistir en decir que nos debemos olvidar de lo malo, sino que no nos debemos olvidar de lo bueno.

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En 1977 se celebraron las primeras elecciones democráticas en España después de más de cuarenta años. La democracia era un sistema consolidado en lo que se ha llamado “los países de nuestro entorno”, es decir, en Europa Occidental y nosotros apenas teníamos tradición, derrochábamos mucha ilusión y buscábamos referentes en nuestro alrededor para guiarnos en un camino que podía ser difícil pero a la vez prometedor.

Pasados unos pocos años, con una recién estrenada Constitución y unas pocas elecciones en nuestras urnas, era lógico pensar que el proceso de democratización no estaba concluido, que los ciudadanos teníamos que adquirir una mayor y mejor conciencias democrático y que los usos y costumbres de otros países podían seguir sirviéndonos para no dar palos de ciego.

Pero el tiempo no pasa en balde y nuestra democracia, naciente en los años setenta y adolescente en los primeros ochenta, ya tiene más de treinta años. Un amplio sector de la población (los nacidos a partir de 1970) hemos crecido en un ambiente democrático y éste es tan connatural a nosotros como nuestras familias.

A pesar de que llevamos más de treinta años de democracia, de que han gobernado España tres partidos políticos diferentes, hemos tenido diez elecciones generales, un montón de autonómicas y municipales, varias consultas por medio de referéndum y un conjunto de derechos fundamentales y de libertades públicas que tienen un respeto razonable y una consideración general, es muy curioso y extraño que siga habiendo personas que digan que nuestra democracia es joven y inmadura y que aquí no pasa lo que pasa en las democracias más consolidadas.

Quienes recurren a este concepto suelen hablar de Francia, con una democracia restaurada en los años cincuenta y suspendida a causa de la crisis de la Guerra de Argelia; se refieren a Alemania, un país que todos los que hemos estudiado algo de Historia en el Bachillerato sabemos perfectamente que prácticamente es un recién llegado a la democracia en 1948, cuando se promulgó la Ley Fundamental de Bonn, pues la República de Weimar casi nunca tuvo apoyo social, como demostraron los acontecimientos que condujeron a 1934. Hablan de Italia y es cuando yo me muero de risa, porque se olvidan del larguísimo gobierno nada democrático de Mussolini y de un sistema establecido después de la Segunda Guerra Mundial que saltó por lo alto al final de los años ochenta. Los ejemplos se pueden multiplicar.

En 1977, Alemania e Italia sólo llevaban veintinueve años de continuidad democrática, hoy España lleva treinta y uno. ¿Por qué Alemania o Italia eran democracias consolidadas a los veintinueve años y España es una democracia no consolidada a los treinta y uno? ¿Cuántos años o siglos requerirá nuestro país para merecer el calificativo de democracia consolidada?

El problema es que el concepto de “democracia consolidada”, que ha sido y es tan utilizado en algunos medios, es un eufemismo para decir que España realmente no es una democracia, sino un inicio de democracia, porque las cosas que pasan en España no pasarían si fuésemos una democracia consolidada. ¿Y qué es lo que pasa? Básicamente lo que aturde al que utiliza este argumento es que las elecciones las gane la izquierda y piensa que en otros países no pasa eso, sin saber que sí pasa y pasa mucho.

Pero este eufemismo, si bien es el principal, tiene algunos hijos. Muchas personas dicen que tal o cual cosa no pasa en las “democracias más consolidadas”, pero lo realmente hacen es atribuir a la inmadurez democrática española lo que no les gusta, estructural o coyunturalmente, desde que haya nacionalistas en Las Cortes, la Ley D´Hondt (que no termina de saber qué es), la limitación de mandatos, la estructura del Tribunal Constitucional, el matrimonio homosexual o el sistema de gobierno del Poder Judicial.

España ya tiene derecho a considerarse una “democracia consolidada” y a que nadie cuestione la validez o invalidez de nuestro sistema político porque no le guste una decisión, una circunstancia o un resultado electoral.

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