Hace sólo unos días decía que la Belleza interior no existe, que solamente existe la Belleza exterior. Hoy, el mejor día para hablar de esto, voy a seguir a aplicando mi fenomenismo impenitente en este caso al amor.
Una de los repetidos tópicos a la hora de hablar del amor, nos dice que enamorarse es enamorarse del interior de las personas. Mantengo la tesis opuesta, que es la que intentaré mantener: siempre nos enamoramos del exterior.
Hace más de doscientos años, Kant nos mostró sin lugar a dudas que el acceso a las cosas en sí, lo cual llevado al plano de los seres humanos no quieres decir otras cosas que sólo podemos conocernos directamente a nosotros mismos, mientras que a los demás solamente podemos conocernos a partir de su interacción con la realidad.
Cuando conocemos a alguien, cuando nos enamoramos de otra persona no es porque el interior de esa persona nos sea accesible, sino por las manifestaciones externas que recibimos de esa personas. La forma de ser de ninguna persona puede ser cognoscible por otro. Lo que es para nosotros la forma de ser de los demás no son más que inferencia que hacemos a partir de los actos externos que podemos observar sensorialmente.
Un conjunto de inferencias nos hace construir un constructo para dar una explicación a cómo es el otro; a ese constructo se suelen añadir una serie de “prejuicios” tanto sociales como personales. Las inferencias que dependen de actos externos y por tanto tienen sus limitaciones. Si las inferencias no tuviesen margen de error, entonces el engaño sería imposible.
Nos enamoramos del constructo de una persona que elaboramos de esa persona a partir de las acciones perceptibles de esa persona.







“Y de repente comprendió la verdad, y se aclaró todo aquello que que provocaba incomprensión, tristeza, la sensación de haber cometido en algún momento un terrible error.
Comprendió que mientras fué joven siempre se enamoró, y una vez enamorado , desposó a una chica sin interesarse por su alma.
Nos agradan – pensó – los rasgos de una chica, su figura , su forma de andar, su risa. Nos enamoramos de todo eso , y otorgamos a nuestra elegida cualidades espirituales que querriamos ver en un ser querido.
Pero unas piernas bonitas no necesariamente garantizan las cualidades espirituales, o el carácter que consideramos afín al nuestro.”
F.Iskander “El escorpión de mar”
Ese texto describe perfectamente lo que quería decir. No lo conocía. Gracias.
De nada. A Ud. por el blog.
Es una lástima que se haya publicado tan poco de Fazil Iskander en español (mi traducción no hace honor al texto original). Imho, es uno de los mejores escritores “sovieticos”.
Podríamos decir, siguiendo tu post que al final nos enamoramos de nosotros mismos, puesto que las proyecciones que hacemos en el “ser amado” con parte de nosotros mismos??
Todo lo que recibimos de la realidad exterior es sometido a interpretación y valoración por nosotros mismos. Nos enamoramos de esas valoraciones e interpretaciones. De lo contrario el desengaño amoroso o el amor no correspondido serían imposibles.