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Fedederalismo
La solución a todos los problemas territoriales de España es, a fuerza repetirse, el establecimiento de un Estado Federal. Salvo algunos independentistas y el sector más conservador del PP, todos los demás están de acuerdo que hay que tener un Estado Federal. Se habla como si todos supiéramos de qué hablamos y lo digo sin acusar a nadie de ignorancia, aunque sí imputo el cargo de equivocidad.

El Estado Federal nació en los Estados Unidos de América (aunque se puedan citar arcaicos precedentes) y a lo largo del tiempo el modelo federal ha ido extendiéndose por el mundo. Pero no se copia el modelo estadounidense, sino que varía dependiendo de una infinidad de variables.

Los politólogos se esfuerzan en describir los rasgos comunes de todos los sistemas federales, pero pronto surgen excepciones, lagunas y la necesidad de recurrir a explicaciones “ad hoc”. Lo que es el federalismo solamente puede ser descrito a través de un instrumento conceptual tan débil como el wittgensteiniano “aire de familia”.

Bajo la etiqueta de “Estado Federal” o “Federalismo” entran sistemas enormemente diferentes, desde los Estados Unidos a La India. Si alguien en el debate político emplea estas denominaciones debería aclarar qué entiende por “Estado Federal” o “Federalismo”, al menos las cuestiones fundamentales como son el marco general de reparto competencial y la financiación.

Todo lo demás es hacer como aquellos de belleza donde todas las candidatas soñaban con un mundo sin pobreza y en paz.

Fuente de la ilustración.

Cuando se tiene Caja B

El 1 de agosto de 2012 comparecía Mariano Rajoy en el Congreso para intentar dar cuenta del caso Bárcenas.

El portavoz del Partido Nacionalista Vasco, Aitor Esteban Bravo, dio una lección magistral de cómo a veces lo que se hace con una intención, obedece a otra en referencia a la financiación de los partidos políticos.

Os recomiendo que leáis este fragmento de su intervención.

En cuanto a que nos hable de modificaciones de la Ley de Financiación de Partidos Políticos, permítame que le diga —le aseguro que conteniéndome— que resulta irritante que lo mencione. El primer proyecto que presentó su Gobierno fue precisamente una modificación de la misma. A resultas de ella, los partidos sufrieron un recorte brutal por dos veces en las subvenciones públicas que recibían. Algún partido hasta tuvo que realizar dos ERE en su plantilla. Muchos llevábamos preguntándonos mucho tiempo, no solo en esa negociación de la Ley de Financiación de Partidos sino en una anterior, cómo era posible que el Partido Popular hiciera las propuestas que hacía recortando y dificultando sobre todo la financiación pública; cómo podían tener recursos suficientes cuando los demás estábamos muy justos con lo que permitía la ley. Ahora nos vamos haciendo una idea, porque evidentemente a partir de todos los datos que aparecen se ha ido instalando una convicción basada en indicios razonables. El PP jugaba con otras reglas, con sus propias reglas particulares, saltándose la ley. Iban en moto mientras los demás íbamos a pie. Tan sobrados iban que al parecer podían permitirse el lujo de pagar dobles sueldos a algunos cargos políticos.

El problema no es la legislación de financiación de partidos, que en conjunto es bastante razonable, ni la legislación sobre el control de los partidos en estos aspectos. El problema es que alguien quiera ahogar las finanzas del resto de los partidos reduciendo de manera exagerada la financiación pública cuando ellos reciben financiación opaca privada a espuertas. El problema es que haya alguien que se salte la legislación sobre financiación sistemáticamente y con impunidad, pretendiendo además dar lecciones.

(Diario de Sesiones, X legislatura, número 132, página 32)

Lo que he leído de la simpática historia de Francisco Nicolás me ha recordado al cuenta de “El traje nuevo del Emperador”. El chaval lucía palmito en todos los saraos del PP porque nadie se atrevía a preguntar por él, no fueran a meter la pata y no conocer a quien debieran conocer.

Lo que más me sorprende es que ese silencio y ese preferir no meter la pata lo hicieron concejales del Ayuntamiento de Madrid y personas con alguna relevancia entre los populares capitalinos.

De todas formas el chaval, aunque estrechase la mano al Rey el día de su proclamación, pecaba de anticuado y novato.

Anticuado porque lo de exhibir fotos con dirigentes políticos en el aparador de casa es una moda que arrancó en el Tardofranquismo y que llegó hasta los noventa y que en los días del SmartPhone es una catetada. Lo propiamente “in” es mandar y recibir algún gasup de esas personas, no hacerte una foto con ellas.

Novato porque si realmente lo que quería era ganarse un dinero por intermediaciones habría de saber que los que hacen eso no salen demasiado en las fotos y que un contacto dentro, aunque fuese de cuarta división, hubiera sido de enorme utilidad.

Hay muchos como Francisco Nicolás. Todos hemos conocido unos cuantos y en el entorno del poder la floración debe ser extraordinaria. El problema no es que los haya, sino que consigan lo que quieren y ya tengo mis dudas si un buen puñado de los que están dentro no empezaron a lo Francisco Nicolás.

El agotamiento de UPyD

RD
Los seguidores de Rosa Díez celebraban, con más entusiasmo que victorias, los resultados de la formación magenta en las Elecciones Generales 2011. Habían pasado de una diputada a cinco actas en el Congreso y habían roto, aunque por la mínima la tendencia regionalista madrileña al haber conseguido un escaño fuera de la Comunidad de Madrid.

A pesar de que había dicho que despreciaban las componendas entre partidos para formar grupo parlamentario cuando no se tenía el número suficiente de diputados, se unieron al diputado nacional de FAC para conseguir el reconocimiento como grupo parlamentario y la financiación y equipamiento que conlleva.

Rosa Díez seguía con Vargas Llosa hablando de los políticos y de que viven de espalda a la ciudadanía, pero es un discurso que impacta poco porque la ciudadanía sabe que Rosa Díez pertenece a esa clase que dice criticar y que Vargas Llosa a otra clase, más bien una superclase internacional.

Esto no quiere decir que no haya habido puntos en su discurso que calaran entre los votantes y en la opinión pública en general. Rosa Díez consiguió hacerse un hueco con dos discursos: el final de ETA y el papel de las Comunidades Autónomas.

La política del Presidente Rodríguez Zapatero respecto de ETA resultó ser un éxito y al presente hay que remitirse. No fue así al principio y hubo muchas contestaciones, numerosas tragedias anticipadas y todas las piedras puestas en el camino.

Rosa Díez comenzó a romper con el PSOE cuando ella no fue elegida secretaria general en el 35 Congreso del PSOE pero necesitaba algo más presentable que una cuestión personal para poder mantenerse en política. Eligió, porque como vasca le cogía cerca, la cuestión terrorista en abierta oposición a la línea de su partido. Ella consiguió un escaño por Madrid, gracias al apoyo mediático de Pedro J. Ramírez y Jiménez Losantos.

Rodríguez Zapatero obtuvo su segunda investidura como Presidente. ETA abandonó las armas, sin contrapartidas penales, y las posiciones de la extrema izquierda independentista vasca comenzaron a ser defendidas únicamente por medios políticos.

La mayor parte de la ciudadanía, al principio lógicamente escéptica, considera que la actual situación es incomparablemente mejor que la anterior. Solamente rechazan la actual situación los que sacaban réditos de la persistencia del terrorismo.

El segundo hilo discursivo era la crítica al Estado de las Autonomías. Partiendo de la idea de que el independentismo existe porque hay autonomía política, Rosa Díez y sus seguidores comenzaron a criticar el sistema autonómico tanto en su razón de ser como en su forma de actuar.

Tuvieron el acierto de fijarse en las llamadas “duplicidades” entre el Estados y las Comunidades y apostaron por la simplificación que, en el mensaje que transmitía implicaba un refortalecimiento de la administración central. Sé que en su propuesta política llegan hasta a hablar de un Estado federal, pero su narrativa es otra.

Al comienzo de la crisis la desesperada búsqueda de culpables abonó el terreno para que la inculpación de las autonomías tuviera éxito. Los deméritos y decisiones absurdas, en lo funcional y en lo orgánico, dieron las pruebas suficientes que se necesitaban.

La crisis se fue alargando y llegó la quiebra de las cajas de ahorro y su rescate y, de repente, ante tal orgía de dinero todo dejaron de condenar a las Comunidades Autónomas para pedir que fueran financiadas adecuadamente para mantener niveles decentes en Sanidad y Educación.

Estas dos líneas le han posibilitado a Rosa Díez y a su plataforma, UPyD, un nicho electoral sensible a sus propuestas, especialmente en la Comunidad de Madrid, donde el centralismo es su regionalismo.

Apostó por presentarse a las elecciones autonómicas y a las municipales. En estas últimas elecciones, muy peligrosas para un partido en alza, se quedaron muy lejos de sus expectativas: en primer lugar porque su mensaje sobre el terrorismo y contra las autonomías no tiene nada que ver con la política local ni proponían un modelo de pueblo o ciudad diferente y porque acabó en sus filas buena parte de los eternos candidatos en busca de partido con posibilidades para volver a la corporación local.

Solamente han conseguido resultados interesante en Madrid pues sus entradas en otras autonomías y municipios han sido escasas y testimoniales la mayor parte de las veces.

La crisis se está haciendo permanente. Habrá niños que lleguen a la adolescencia y solamente habrán oído hablar de crisis. La búsqueda desesperada de culpables se hace patológica y alguien consigue señalarlos con precisión: los culpables son la casta. Y eso hay que decirlo desde fuera del sistema, aunque desde sus televisiones, y alguien que lleva toda la vida subida al coche oficial como Rosa Díez no puede hacerlo.

El discurso se deshace y la fachada institucional de Rosa Díez, UPyD, no cumple con sus expectativas en las Elecciones Europeas. Es cierto que sube en escaños, pero no tanto como esperaban y un electorado naciente para el que las Europeas con su circunscripción única es una gran oportunidad de maximizar votos e intenciones ve como sacan menos sufragios que en las Generales (eso sí, con mucha menos participación que en 2011).

Paralelamente asisten a la entrada de Ciudadanos en la escena nacional dejando de ser un partido de ámbito catalán para conseguir dos tercios de sus votos fuera de Catalunya y obtener, además, la mitad de los apoyos que Rosa Díez. Ciudadanos le comen terreno a Rosa en sus reales mientras que ella fracasa una y otra vez en su entrada en Catalunya (solamente el 3% de los votos magentas en las Europeas son catalanes) y quedando incluso por detrás de Carmen de Mairena (en las últimas autonómicas).

Sosa Wagner, dos veces cabeza de lista de UPyD en las Elecciones Europeas pide tras las Europeas reconsiderar las relaciones con Ciudadanos. Sosa Wagner ha presentado su dimisión harto de Díez y de sus mamporreros, después que por primera vez Rosa Díez perdiera una votación interna.

Demasiado disenso para Díez y demasiada ceguera de Sosa Wagner que se ha creído que el partido era algo más que un instrumento para Rosa. Como Díez siempre cree en la democracia interna y todo se resuelve democráticamente, la situación ha terminado como suele finalizar toda crisis en UPyD: expulsando a los que no han votado correctamente y consiguiendo que la nueva mayoría apruebe democráticamente lo que antes no se aprobó por equivocación.

Rosa Díez ha puesto a Mayte Pagazaurtundúa como portavoz en el Parlamento Europeo. Sigue Díez pensando que no nos hemos movido del periodo 2004-2008, en el que fue lanzada como desgaste del PSOE, y que el tema terrorismo-víctimas-agravios sigue importante a un grupo tan relevante como en esa época.

De camino Díez nos ha dado una nueva lección de lo que es la regeneración democrática al inutilizar las primarias de la candidatura europea porque ahora lidera a los suyos alguien que fue colocada a dedo en la lista y no quien ganó la elección interna.

Dar pena

El periódico digital Vózpopuli se hace eco de lo mal que lo está pasando Ana Mato desde que la Vicepresidenta se tuvo que poner a hacer su trabajo y que Rajoy no le ha aceptado la dimisión para poder cesarla llegado el caso y tenerla así de parapeto político.

La información, obviamente una transmisión directa de fuente muy interesada, pretende dar pena y desde luego da pena que alguien recurra a según qué argumentos para despertar la misericordia de los lectores.

El momento más lamentable es cuando se recurre a sus hijos que lo están pasando muy mal a pesar de tener cumpliditos los veinte años. Ana Mato debería saber que no es obligatorio estar en política y que si ella o su entorno no puede aguantar la presión y las duras críticas por una desastrosa gestión lo más aconsejable y bueno es dimitir y volver a la vida privada.

No me gusta la política que exhibe a la familia y tampoco la que usa a la familia como parapeto a las exigencias propias de los altísimos cargos. Una familia es asunto privado que cuando uno de sus miembros entra en la vida política debe saber encajar oír cosas que no les van a gustar y si esto no es posible, este miembro ha de dejar lo público.

Lo que no se puede hacer es intentar chantajear a los demás diciendo que formulando críticas se le está haciendo daño deliberado a los hijos del cuestionado y más cuando todo el cuestionamiento está estrictamente relacionado con el trabajo de la ministra Mato. Esto es usarlos como parapeto y da pena.

Pablo Iglesias y Rosa Díez

Se están desarrollando los primeros actos del evento fundacional de Podemos. Hay dos modelos de organización para Podemos, uno proveniente de Pablo Iglesias y su entorno y otro del eurodiputado Echenique y su entorno.

Los afiliados, militantes o inscritos de Podemos tendrán que decidir cuál prefiere, pero Pablo Iglesias ya ha advertido que si el modelo ganador no es el suyo, él se irá y no liderará Podemos. No me cabe duda de que ganará, pero al menos está siendo sincero.

Pese al número de personas inscritas en su plataforma en Internet y a los muchos que han ido a Madrid para la Asamblea, el alma del partido es y sigue siendo Pablo Iglesias, que para algo su rostro fue el logo de la candidatura en las papeletas para las Elecciones Europeas.

Podemos es una plataforma para Pablo Iglesias, donde cabe él, su ego y sus fieles colaboradores. Él no vende que es uno más, que no pasa nada si está o no que siempre contarán con él.

Pablo Iglesias hace esto porque, aunque ínfima, existe una posibilidad de que su propuesta sea derrotada porque serán los participantes en la Asamblea los que tengan la última palabra.

El otro partido de ámbito nacional fundado en los últimos años, UPyD, comparte una característica esencial con Podemos: es una organización al servicio de su líder. Pero hay una diferencia también esencial no ya en el partido, sino en las personas.

Mientras que Pablo Iglesias advierte de las consecuencias de ser derrotado en la votación, Rosa Díez no lo hace y posterga las votaciones como retraso hasta lo increíble el establecimiento de una estructura ordinaria y no provisional. Ella espera, y espera más, hasta que con la apariencia de que no pasa nada, la gente empieza decantarse y expresar sus opiniones.

Entonces ya han caído en la trampa. Son expulsados del partido, como casi todos los fundadores lo han sido. Ahora Rosa puede presentar cualquier propuesta y someterla a votación porque todos los que podían votar en contra han sido echados previamente o forzados a dimitir, como recientemente Francisco Sosa Wagner.

Mañana hay elecciones primarias en numerosas agrupaciones del PSOE y entre ellas la agrupación de Ceuta, que tiene la particularidad de ser simultáneamente federación regional.

Aquí los militantes socialistas tendrán que elegir entre el actual secretario general, hijo de un senador por Cádiz durante veinte años, portavoz y cabeza de lista en las anteriores elecciones (consiguió tres de veinticinco concejales), de nombre José Antonio Carracao y un histórico militante del PSOE, Justino Lara, que fue depurado hace años por oponerse a la imposición de Carracao al frente de la agrupación.

Fruto de estas primarias nos hemos enterado que José Antonio Carracao es asesor del Grupo Parlamentario Socialista en el Senado y cobra por ello. Que se sepa no trabaja en Madrid como lo hacen los asesores del Grupo en el Senado y parece que a la capital del Reino va bien poco.

Lo sorprendente o irregular desde un punto de vista estrictamente político no es que asesore desde otro continente, sino que nadie lo sabía. Ni los militantes (aunque él dice que los más íntimos sí) ni mucho menos los votantes o la opinión pública ante la que quiere presentarse como candidato en nueve meses.

Pero esto no es todo. Él, y otra concejala socialista, son los únicos miembros de la Asamblea (Ayuntamiento) que no han presentado su declaración de bienes e intereses y que por tanto no puede estar publicada en la web institucional, como sí lo están las veintitrés declaraciones restantes. Teniendo en cuenta que el PSOE tiene tres concejales, es un porcentaje de incumplimientos del 66%.

No sabía que la renovación promovida por Pedro Sánchez incluía asesores secretos para los senadores socialistas o cargos que no presentan declaraciones de intereses. Si el nuevo secretario general federal se toma en serio lo que dice, José Antonio Carracao debería dejar la asesoría, la secretaría general y el acta de diputado (concejal) antes del próximo fin de semana y renunciar mañana mismo a encabezar la candidatura del PSOE a las próximas elecciones a la Asamblea de Ceuta.

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