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Hoy el periódico murciano La Verdad ha publicado la quinta oleada de su “tracking” electoral, realizado por el CEMOP, y por primera vez la proyección en escaños de esta encuesta.

En Geografía Subjetiva, a pesar de que la entidad demoscópica ha realizado su proyección en cada una de las cinco circunscripciones murcianas, hemos aplicado nuestro simpático modelo para observar las diferencias. Veamos las dos proyecciones:

ProyeccionGS

ProyeccionCEMOP

La primera diferencia es que en nuestra proyección habría un sexto partido en la Asamblea Regional, UPyD, aunque creo que el día de las Elecciones Murcianas este escaño se habrá desvanecido yendo a parar, por las cosas del sistema electoral, al PSOE, tal y como CEMOP proyecta. Las diferencias en las tres circunscripciones más grandes son de corte menor.

Las grandes diferencias entre la proyección de Geografía Subjetiva y la de CEMOP se dan en las dos circunscripciones más pequeñas. Vemos difícil, habida cuenta de los precedentes y de la sociología de la zona, que Podemos obtenga escaño en el Noroeste y no terminado de creernos que en el actual contexto el PP se lleve los dos escaños del Altiplano para lo que necesitaría sacar más del doble de votos que el siguiente partido algo que al actual PP murciano, aunque tenga reservas fuertes, le es inalcanzable.

En resumen CEMOP proyecto 20 diputados al PP, 10 al PSOE, 1 a IU y 14 al conglomerado Podemos/Ciudadanos. Con las correcciones antes indicadas consideramos que la proyección más correcta, según nuestro humilde criterio, es 19 escaños para el PP, 12 para el PSOE, 1 para IU y 13 para el conglomerado Podemos/Ciudadanos.

Las proyecciones que hemos realizado a partir del referido “tracking” muestran un PP en constante descenso desde los 21 a los 19 diputados.

Es muy probable que la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia siga en manos del Partido Popular, aunque sin mayoría absoluta, algo esperado por pocos hace solamente unas semanas. La encuesta se ha realizado entre el 2 de febrero y el 6 de marzo, antes de las Elecciones Andaluzas, de manera que queda sin registrar el “eco” sobre formaciones como Ciudadanos, Podemos y en menor medida el PSOE de los comicios andaluces.

Una de las grandes críticas que, desde sectores no pequeños, se le hacen a determinados políticos es que nunca han ejercido ninguna profesión fuera de la política o que, si bien la ejercieron, fue en la época anterior a la invención de la imprenta.

Yo soy de los que piensa que la política, como otras muchas acciones humanas, es lo que tradicionalmente se ha llamado un “oficio”, algo que se aprende poco a poco, con la práctica, de un o varios maestros y que requiere tiempo. ¿Puede haber excepciones? Naturalmente, como en casi todo, pero como excepciones que son han de ser poquísimas.

Actualmente se ha hace un perfil del político ideal que por ser precisamente ideal es irreal.

Pero lo peor es que el debate sobre si el político ha de ser profesional o amateur deja fuera el aspecto fundamental: ¿es un político bueno o malo? Se identifica al político profesional como alguien malo por sí mismo y al político amateur como alguien con bondad inherente.

En todos los partidos políticos, incluso en los nuevos, hay un tipo de político profesional que es aquel especializado en las cuestiones internas, que sin gestión ni contraste de su actividad en la arena electoral, consigue estar, permanecer y hasta ascender. Es el clásico trepador o “trepa”, una lacra que no es privativa de la política y de los partidos.

El político amateur puede ser también un diletante, alguien que dice comprometerse pero cuando haya dificultades, exposición, críticas o que simplemente las cosas no salen como pensaba, decide dejar a la organización y a la ciudadanía plantada y volverse a sus quehaceres o, como diría Séneca, a la tranquilidad de la vida privada. En definitiva, gente que en el fondo busquen un reconocimiento en la política sin aceptar sus costes personales.

Lo importante no es la procedencia profesional de los políticos, sino que sean buenos políticos. Ha habido y hay grandes políticos profesionales y grandes políticos que vienen de actividades profesionales (no confundir con los diletantes), como también ha habido y hay lo contrario.

La cuestión no es “si tiene a donde volver”, porque notarios y registradores que no quieren volver tenemos unos cuantos, la cuestión es si tenemos buenos procedimientos de selección de políticos de todos los niveles y que formas de evaluación y control existen dentro de los partidos para detectar y quitarse el lastre.

Hace mucho que no soy sustancialista, desde que me leí Sobre la esencia de Xavier Zubiri [aunque el autor nunca piense en procesos, estructuras y conceptos sociales], y es por ello que considero que uno de los elementos a tener en cuenta en la selección de los político ha de ser su experiencia laboral o si tiene a donde volver (que es sinónimo a ser funcionario), pero uno más, ni el único ni el más importante.

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“El dedo y la luna” es una serie de entradas del blog “Geografía Subjetiva”, dedicada a la Nueva Política y a los temas, criterios y prejuicios de los que se alimenta.

El título hace referencia a ese cuento-tópico-new-age de que el necio, cuando alguien señala la luna, mira el dedo.

“Nada une más que un enemigo común” (Kurt Lewin).

Si un partido político se convierte en el representante de una colectividad frente a otra colectividad que ésta percibe como amenazante, tiene fuerza electoral y está razonablemente organizado, es prácticamente imparable. El sentimiento de amenaza puede ser real, imaginado o inoculado. Es irrelevante si su gestión de gobierno es buena o mala, lo importante es que nos libra de las hordas depredadoras del enemigo exterior (o interior).

Es de todos conocidos que una de las bases de la hegemonía política del PP de la Comunitat Valenciana, junto a la especulación urbanística y a la corrupción, ha sido la oposición de la identidad valenciana frente a un supuesto imperialismo pancatalanista (que algunos grupos minoritarios efectivamente intentaron enarbolar hace décadas). Se creó el cleavage valenciano.

La lengua ha sido y es el principal campo de batalla para los que quieren desconectar de todo lo que tenga relación con Cataluña. Los dos estatutos de autonomía que ha tenido la Comunitat Valenciana han determinado que la lengua propia era el valenciano y esto ha servido de base para intentar desconectar el valenciano del catalán como si no compartieran el mismo “continuum”.

La Academia de la Lengua Valenciana, como todos los reguladores lingüísticos, realizó y realiza su labor sobre la base de las normas de Castellón, que establecen las especificidades del valenciano pero no toma como norma las variantes más lejanas del estándar y de las variedades catalanas, como sí hacen las normas de Puig.

Las autoridades lingüísticas catalanas y valencianas llegaron al acuerdo de definir el valenciano como un estándar de la lengua catalana, aunque cada cual ha puesto siempre algún matiz de cosecha propia.

Pero el gobierno de la Generalitat Valenciana quiere tener abierto este tema para hablar de identidad en vez de hablar de corrupción, quiebra de la hacienda autonómica o pobreza en las tres provincias valencianas.

Hace unos meses llevó la definición del valenciano al Consejo Consultivo para que este órgano jurídico determinase consultivamente si una definición lingüística se adecuada al ordenamiento estatutario y legal.

El Consejo Consultivo emitió un dictamen realmente simpático y que dejó inoperativa la campaña judicial que debería seguir a su dictamen. El argumento es el siguiente:

Según el Estatuto de Autonomía, el valenciano es la lengua de la Comunitat Valenciana. La que desarrolla este precepto establece que lo que sea el valenciano es competencia de la Academia de la Lengua Valenciana (ALV). Y la ALV ha dado esta definición del valenciano según la cual es un estándar de una lengua compartida con otros territorios más allá de los límites de la Comunitat.

Dado que el dictamen cerró el paso a un estúpida judicialización de la actividad de la Academia como autoridad lingüística, el Partido Popular, en los estertores de su mayoría absoluta, recupera el tema de la identidad, potenciando a una entidad paralela a la ALV, como medidor del “valencianismo”, que no es otra cosa que una tapadera para ejercer el clientelismo político a través de las subvenciones culturales.

Junto a ello, perdida la batalla en el ámbito académico para desgajar valenciano y catalán, se retoma la batalla en el ámbito educativo. Hasta ahora cuando se ha enseñado valenciano o se ha enseñado en valenciano se ha hecho con la variedad estándar y hasta ahora oficial del valencia de la AVL. Ahora plantean introducir en las aulas la enseñanza del valenciano y en valenciano del estándar no oficial basado en las normas de Puig.

El prestigio social lo tiene la variedad de la ALV, por lo que parecería una pretensión vana, pero si nos fijamos en las cuestiones relativas a la organización escolar, entonces reconocemos la bomba de relojería que han diseñado.

Estableciendo que el valenciano de Puig debe ser ofertado obligatoriamente en todos los centros, ya tenemos hecha la cuña. Porque debería haber una clase de este perfil lingüístico y profesores para enseñar en él y para enseñarlo (¿quién certifica la capacidad?), quitándolo al otro estándar valenciano. De modo que una parte de los padres que opten por la enseñanza en valenciano tendrá que verse obligados a elegir la enseñanza en el estándar de Puig porque no quedan plazas libres en las aulas del estándar de la AVL. A los que estudien en castellano aún le es más fácil “colarse” la variedad del valenciano menos prestigiosa socialmente.

En estos treinta años hemos asistido a la revitalización de muchas lenguas en España. El caso de la lengua vasca es paradigmático y los líderes sociales y políticos se lo han tomado en serio. Cada día ellos mismos utilizan más el vasco para los debates y las declaraciones en prensa, porque son conscientes de sus papel social y porque también hay más personas que son bilingües castellano/vasco.

En cambio en la Comunitat Valenciana asistimos hace varias semanas al tristísimo espectáculo del “Caloret” de la alcaldesa de Valencia. La principal autoridad pública de la Comunitat, solamente por detrás del Presidente de la Generalitat, no es que hable mal el valenciano, no es que sea más de las normas de Puig, sino que hace un uso del valenciano que lo desprecia tanto que nos parece ridículo hasta a los que no lo hablamos.

Todo partido tiene líderes que en un momento dado los han transformado. Esto se da tanto a nivel nacional, regional y local. Pero la gran tarea de un partido, como institución que es, consiste en estar sobre las personas y saber y poder proporcionar nuevos líderes, en todos los niveles de dirección, cuando el tiempo pasa o los resultados entran en el terreno de lo indeseable.

Todos los partidos importantes españoles han sabido renovarse de sus líderes. Nos gustarán o no el procedimiento, los elegidos y los logros, pero lo han hecho, porque en un momento dado el partido se ha hecho institución y se ha puesto sobre las personas. La institución puede reemplazar al líder o limitar un poder anteriormente ilimitado.

Cuando un partido, en ese momento existencial, no sabe ser institución, es cuando se queda en “chiringuito político”. Si el intento de superar la decisión del líder o al propio líder supone la destrucción de la formación, entonces ese partido solamente ha sido un chiringuito con apariencia de partido político .

Rosa Díez pudo asumir responsabilidades en la rueda de prensa del lunes. Pudo abrir una reflexión, aunque fuera a destiempo. Pero Rosa Díez siguió pensando que ella es el partido, como hasta ahora, y que si la realidad no se acomodaba a su pensamiento, peor para la realidad. La diputada por Madrid vive el “síndrome de La Moncloa” teniendo solamente cinco diputados.

La pérdida de narrativa con el fin de los asesinatos de ETA, la pérdida de importancia del debate territorial a causa de la crisis económica, ha dejado a UPyD sin discurso. Y ser limpios sin haber gobernado nunca, no es carta de presentación.

Rosa Díez va a seguir adelante con los fieles que les vayan quedando con la única intención de salvar su escaño en las próximas elecciones y esperar un milagro para las siguientes. El proyecto político de UPyD termina donde empezó: en conseguir un escaño para Rosa Díez.

Estos son los ciento nueve diputados y diputadas electos el 22 de marzo. Aquí, si no yerro demasiado, os ofrezco la relación y el orden de su elección en la provincia en la que se presentaba según el tamaño de su cociente D’Hondt.

RelacionOrdenada

Faltan las encuestas post-electorales, básicamente la del CIS, pero creo que no me equivoco si digo que un buen pellizco de los votos andaluces de Podemos vienen de la abstención. La formación de Iglesias, Errejón y Monedero ha conseguido llevar a las urnas a un porcentaje electoralmente significativo de personas que dedican el rato de ir a votar a otros menesteres.

El abstencionista tiene una psicología particular. Hay votantes habituales que están acostumbrados a apoyar opciones con pocas posibilidades de victoria y otros que votan a sus opciones preferidas independientemente de las circunstancias El que se decide a ir a votar es porque piensa que va a merecer la pena.

Podemos ha alimentado el incentivo de la victoria electoral y del consecuente “cambio de régimen”. Los abstencionistas que ha atraído a la papeleta podemista lo hacen porque quieren propiciar un cambio radical en la política y, aunque no se formule nunca expresamente, en la sociedad española.

Los resultados de Podemos en los comicios andaluces separan a la formación señera de la “neopolítica” de cualquier posibilidad seria de poder gobernar, de forma que los abstencionistas dejan de tener su principal incentivo para ir al colegio electoral.

La amargura por el fracaso en las expectativas de Podemos, poco disimulada en sus dirigentes y evidentes en una parte de sus incondicionales, puede transformarse en una pérdida significativa de votos que no ganará nadie y solamente perderán los podemistas.

A esto se unirá el hecho de que las empresas demoscópicas corregirán a partir de la experiencia andaluza los coeficientes que se aplican a Podemos, por lo que es de esperar que bajen en la estimación de voto en las próximas encuestas. Esta eventualidad provocará un aumento de la pérdida de incentivo.

Parte de la estrategia política consiste en saber manejar los tiempos y en controlar las expectativas. Hasta ahora los eminentes politólogos de Podemos no han sido capaces de hacer algo tan difícil como es montar una estrategia inconsistente y que funcione.

Como hay mucha gente hablando del sistema electoral y no dándose cuenta que las elecciones por provincias tienen mucho que ver en los resultados, me he animado a publicar los cocientes que han servido para asignar los escaños en cada una de las provincias. Cuando tenga un poco de tiempo, llegarán los análisis.

cocientes

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Creo que ya no tienen fallos. Esto pasa por hacer las cosas con prisas (lección aprendida). Muchas gracias a los que me habéis avisado.

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